Marta Llames Marta Llames

Cómo acompañar a alguien sin romperte por dentro

Acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad, un duelo, un proceso de fertilidad, una discapacidad o cualquier situación vital compleja puede ser profundamente desgastante. En esta entrada reflexionamos sobre el peso emocional de quienes sostienen, cuidan y acompañan, y sobre la importancia de cuidarse también a uno mismo.

Hay momentos en la vida en los que no somos quienes atraviesan directamente la dificultad, pero sí quienes permanecen al lado.

Acompañamos a una madre/padre con una enfermedad crónica, a una pareja inmersa en un proceso de fertilidad, a un hijo con discapacidad, a una amiga que está viviendo un duelo, a un familiar que recibe un diagnóstico inesperado o a alguien que simplemente está pasando por uno de los momentos más difíciles de su vida.

Y aunque toda la atención suele dirigirse a quien está sufriendo, pocas veces nos detenemos a mirar a quien sostiene. Y acompañar también cansa; y mucho.

Cuando acompañar se convierte en una carga silenciosa

Quien acompaña suele convertirse en el apoyo, la organización, la calma, la escucha y la fuerza de la situación. Está pendiente de citas médicas, llamadas, trámites, necesidades, emociones y preocupaciones ajenas.

Con frecuencia escucha frases como: "Qué suerte tiene de tenerte”, "menos mal que estás ahí", "eres muy fuerte"…

Y aunque esas palabras suelen decirse con cariño, a veces generan una presión añadida: la sensación de que no puede permitirse flaquear.

Poco a poco, muchas personas empiezan a vivir para la situación que están acompañando. Dejan de salir, de descansar, de pedir ayuda o incluso de hablar de cómo se sienten. Todo gira alrededor del otro. Hasta que un día descubren que ellas también están agotadas, porque sus responsabilidades, tampoco puede dejarlas…

No necesitas sufrir para demostrar amor

Existe una idea muy extendida de que cuidar significa olvidarse de uno mismo. Como si el amor, la responsabilidad o el compromiso se midieran por la cantidad de sufrimiento que somos capaces de soportar.

Pero acompañar no debería implicar desaparecer. Puedes estar presente sin cargar con todo. Puedes cuidar sin convertirte en la única persona responsable. Puedes querer profundamente a alguien sin sacrificar tu bienestar. De hecho, cuanto mejor estés tú, mejor podrás acompañar.

Algunas señales de que te estás rompiendo por dentro

A veces el desgaste aparece de forma gradual. Quizá notes que:

  • Te sientes permanentemente cansado/a.

  • Te cuesta desconectar incluso cuando tienes tiempo libre.

  • Has dejado de hacer actividades que antes disfrutabas.

  • Te irritas con facilidad.

  • Sientes culpa cuando dedicas tiempo a ti.

  • Te cuesta hablar de cómo te encuentras.

  • Tienes la sensación de que todo depende de ti.

Estas señales no significan que estés haciendo algo mal, significan que llevas demasiado tiempo sosteniendo mucho peso.

Cuidarte también forma parte del acompañamiento

Cuidarte no es abandonar a la otra persona. Es reconocer que tú también formas parte de esta historia.

Necesitas descanso. Necesitas espacios propios. Necesitas personas que también te escuchen. Necesitas momentos en los que no todo gire alrededor de la enfermedad, la discapacidad, el tratamiento, el duelo o el problema.

Y necesitas recordar algo importante: no tienes que poder con todo.

Pedir ayuda también es una forma de cuidar

Muchas personas esperan hasta sentirse completamente desbordadas para buscar apoyo psicológico. Sin embargo, no hace falta llegar al límite.

A veces el acompañamiento psicológico ofrece precisamente eso: un lugar donde poder dejar por un momento el papel de quien sostiene y permitirte ser tú quien es escuchado.

Porque acompañar a alguien en un momento difícil es un acto profundamente humano. Pero nadie debería tener que hacerlo completamente solo. Y menos aún, dejarse a sí mismo/a.

Un espacio también para quienes sostienen

Si estás acompañando a una persona que atraviesa una enfermedad, una discapacidad, un proceso de fertilidad, un duelo o cualquier situación vital compleja, recuerda que tus emociones también importan.

Cuidarte no te hace menos comprometido. Te ayuda a seguir caminando sin romperte por dentro.

Si estás acompañando a una persona que atraviesa una enfermedad, una discapacidad, un proceso de fertilidad, un duelo o cualquier otra situación difícil, recuerda que tú también mereces un espacio donde poder expresar lo que sientes.

A veces, sostener a los demás resulta más fácil que reconocer el propio cansancio.

Si necesitas apoyo, estaré aquí encantada de acompañarte.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Emociones en los procesos de fertilidad

Los procesos de fertilidad no solo implican pruebas, tratamientos y tiempos de espera. Muchas veces también traen miedo, incertidumbre, presión, agotamiento emocional y sensación de soledad. También atravesar momentos más complejos en la pareja o personales.

En esta entrada hablo del impacto psicológico que puede aparecer durante estos procesos y de la importancia de sentirse acompañada.

Lo que muchas veces no se ve

Al hablar de fertilidad solemos pensar rápidamente en pruebas médicas, tratamientos, resultados o tiempos de espera. Pero detrás de todo eso, muchas veces hay algo de lo que se habla mucho menos: el impacto emocional.

Los procesos de fertilidad pueden convertirse en un camino lleno de incertidumbre, ilusión, miedo, agotamiento y soledad emocional. Y aunque cada persona lo vive de forma distinta, hay algo que suele repetirse o ser común: la sensación de tener que seguir funcionando mientras por dentro están pasando demasiadas cosas.

La montaña rusa emocional

Hay días de esperanza. Días en los que parece que todo puede salir bien.

Y también hay días de cansancio, frustración o tristeza. Momentos en los que aparecen preguntas que pueden tener respuesta difíciles:

- “¿Y si no ocurre?”

- “¿Por qué está siendo tan complicado?”

- “¿Cuánto tiempo más podré sostener esto?”

Muchas personas sienten que viven en una especie de montaña rusa emocional constante, donde el cuerpo, la mente y las emociones están siempre en alerta.

El desgaste silencioso

Por lo general el entorno no termina de comprender todo lo que implica este proceso, y vienen con comentarios como “relájate y ya llegará”, “no lo pienses tanto”, “si lo piensas tanto no llega”, “seguro que cuando menos te lo esperas es cuando pasa”… que pueden hacer que la persona se sienta todavía más sola o incomprendida.

Porque detrás de cada tratamiento, prueba o espera, suele haber mucho desgaste emocional acumulado: miedo, presión, culpa, ansiedad, comparación con otras personas u otros casos, dificultad para desconectar o sensación de pérdida de control.

Y muchas veces todo eso se vive en silencio.

La pareja también atraviesa el proceso

En muchas ocasiones, la fertilidad también pone a prueba la relación de pareja. No es algo solo de la persona gestante (cuando se hace en pareja), es cosa de dos.

Cada persona puede vivir el proceso de forma diferente. Una puede necesitar hablar constantemente, mientras la otra intenta protegerse emocionalmente evitando pensar demasiado.

Y aunque ambas estén sufriendo, no siempre consiguen acompañarse de la misma manera.

Por eso, cuidar el vínculo y crear espacios donde poder expresar lo que está ocurriendo emocionalmente también es importante.

Cuando el proceso se vive en solitario

Cada vez más mujeres deciden iniciar un proceso de fertilidad solas. Y aunque muchas veces es una decisión profundamente deseada y consciente, eso no significa que emocionalmente sea sencillo.

A veces aparecen dudas, miedo, agotamiento o la sensación de tener que sostener absolutamente todo una misma: las decisiones, las citas médicas, la incertidumbre, las emociones e incluso los comentarios y actos de las personas del entorno.

Porque aunque exista ilusión, también puede haber momentos de soledad emocional o necesidad de apoyo. Y muchas mujeres sienten presión por tener que demostrar constantemente que están “seguras”, “fuertes” o “convencidas” de todo.

Pero incluso cuando una decisión nace desde el deseo más profundo, sigue siendo humano necesitar espacios donde parar, expresar emociones y sentirse acompañada durante el proceso.

Pedir ayuda también es cuidarse

Acompañar emocionalmente un proceso de fertilidad no significa “ser débil” ni “no poder sola”. No significa “no estar preparada”. Simplemente significa necesitar un espacio donde bajar la exigencia, expresar el miedo, ordenar emociones, sentirse comprendida y acompañada ante la incertidumbre, y no tener que sostenerlo todo constantemente.

Porque detrás de muchos procesos de fertilidad hay personas intentando sostener muchísimo más de lo que se ve desde fuera. Y merecen poder hacerlo acompañadas.

Aquí estoy si lo necesitas.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Terapia online: cuándo puede ayudarte de verdad

Cada vez más personas buscan apoyo psicológico online. No solo por comodidad: también por necesidad real.

Durante años, muchas personas pensaban que la terapia solo podía hacerse en una consulta presencial. Hoy sabemos que no siempre es así. Muchas cosas han cambiado en los últimos tiempos, y más desde la pandemia.

La terapia online ofrece un espacio real de acompañamiento psicológico con la ventaja de poder hacerlo desde casa o desde cualquier lugar.

¿Cuándo puede ayudarte especialmente?

Si viajas o tienes horarios difíciles, si vives fuera de tu ciudad, si cuidas de otros y te cuesta desplazarte, si necesitas flexibilidad, si no tienes vehículo, si te resulta más cómodo hablar desde tu entorno…

Entiendo que a día de hoy todos vamos con el turbo puesto, incluso a veces no sabemos ni por qué. Y si ya es difícil de por sí parar y si además tienes que organizarte con tiempo, tener que coger el coche, encontrarte con un posible atasco, aparcar… la cosa se complica incluso un poco más. Por lo que se hace mucho más factible coger un dispositivo y conectarte a la sesión.

¿Para qué temas puede ser útil?

Para casi todos los del día a día: ansiedad, tristeza, bloqueo vital, relaciones, sobrecarga familiar, duelos, autoestima, trabajo/estudios, procesos emocionalmente exigentes…

Lo importante no es la pantalla. Lo importante sigue siendo el vínculo que llegamos a construir, la confianza que generamos, la constancia en las sesiones, el hecho de sentirte escuchada/o, acompañada/o y comprendida/o la visión de nuevas opciones, la consecución de objetivos… Yo me incluyo, pero el mérito es todo tuyo.

A veces no necesitas esperar a tener tiempo. Solo encontrar un formato que sí encaje contigo.

Trabajo ofreciendo acompañamiento psicológico online, con calma y cercanía. Escríbeme si te apetece conocer más información.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

La ansiedad cuando todo depende de ti

Descubre por qué aparece la ansiedad cuando sientes que todo depende de ti y cómo empezar a soltar sin dejar de cuidar.

Hay momentos en los que sientes que no puedes fallar. Que si tú no estás, si tú no sostienes, si tú no organizas… todo se cae.

Y entonces aparece la ansiedad. No como algo “irracional”, sino como una respuesta muy lógica a una carga que, en muchos casos, es demasiado grande para una sola persona.

Porque cuando todo depende de ti, no solo haces. También piensas por todos, anticipas, prevés, resuelves antes de que ocurra, sostienes emociones que no siempre son tuyas. Y eso es mucho peso.

Cuando la responsabilidad se convierte en presión

Al principio, suele empezar desde un lugar bonito: cuidar, ayudar, estar presente, acompañar, responder… Pero poco a poco, sin darte cuenta, esa responsabilidad se convierte en presión.

Sientes que no puedes parar, que te cuesta delegar, que si bajas el ritmo las cosas van a ir mal, estás en alerta constante… Y el cuerpo lo nota.

La ansiedad aparece como esa sensación de urgencia continua, de nudo en el pecho, de mente que no descansa.

No es que “no sepas gestionar”, es que estás sosteniendo demasiado

Muchas personas que viven esto piensan: “debería poder con todo esto”, “no es para tanto”, “hay gente peor”, “aún puedo aguantar”, “voy a esperar un poco más”, “¿y si la cosa cambia?”…

Pero no va de capacidad. Va de carga.

Cuando todo depende de ti, tu sistema nervioso no encuentra espacios de descanso reales. Y sin descanso, la ansiedad no baja.

Señales de que estás sosteniendo más de lo que puedes

- Te cuesta desconectar incluso cuando “podrías” hacerlo.

- Sientes culpa si descansas.

- Te irritas más de lo habitual.

- Notas cansancio emocional constante.

- Tienes la sensación de que siempre falta algo por hacer.

No son fallos. Son señales.

El problema no es la ansiedad, es la soledad en la carga

Muchas veces intentamos “gestionar la ansiedad” con técnicas, respiraciones o distracciones. Pero tras estas “técnicas”, si todo sigue dependiendo de ti… la ansiedad vuelve. Porque lo que realmente necesita cambiar no es solo lo que haces, sino cómo se gestiona lo que sostienes.

Empezar a soltar (sin dejar de cuidar)

Soltar no significa abandonar. Significa dejar de hacerlo todo sola/o.

Algunos primeros pasos pueden ser nombrar en voz alta lo que te está sobrepasando, pedir ayuda, bajar el nivel de exigencia (no todo tiene que estar bien siempre) o reservar pequeños espacios que no estén al servicio de nadie.

No es fácil. Y muchas veces da miedo. Pero seguir sosteniendo todo tú sola/o también tiene un coste.

Si te reconoces en esto, quizá no necesitas “hacerlo mejor”. Posiblemente estés necesitando un espacio donde no tengas que sostener. Un lugar donde puedas parar, hablar y ordenar todo lo que llevas encima sin tener que estar fuerte.

Si sientes que todo depende de ti y la ansiedad no te deja parar, podemos trabajarlo juntas/os.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Señales de que necesitas ayuda psicológica

Muchas veces no es evidente, pero algo no está bien. Estas son algunas señales que pueden indicar que necesitas ayuda psicológica.

(Aunque sigas funcionando…)

A veces no es tan evidente. No siempre hay una crisis grande, ni un momento claro que marque un antes y un después. Muchas veces, lo que hay es una sensación más sutil: algo no está bien, pero no sabes exactamente qué.

Y ahí es donde empiezan a aparecer pequeñas señales que conviene escuchar.

1. Te sientes desbordado/a con facilidad.

Situaciones que antes podías manejar ahora te superan. Te cuesta concentrarte, tomar decisiones o incluso sostener el día a día.

No es falta de capacidad, es que estás sosteniendo demasiado.

2. Hay algo que se repite… y no cambia

Patrones en relaciones, en pensamientos, en emociones… Sabes que no te hacen bien, pero vuelves una y otra vez a lo mismo. Y eso desgasta.

3. Te cuesta conectar contigo

No sabes muy bien cómo te sientes. O lo sabes, pero prefieres no mirar demasiado. Te desconectas para poder seguir, pero a la larga eso pesa.

4. Estás más irritable, más triste o más cansado/a de lo habitual

Tu estado emocional ha cambiado. Quizá estás más sensible, más apagado/a o con menos energía. Y aunque intentas seguir como siempre, algo se nota distinto.

5. Sientes que tienes que poder con todo

No pides ayuda. Te dices que no es para tanto, que tienes que continuar, que hay gente peor, que va a pasar… Pero eso no hace que lo tuyo duela menos.

6. Has vivido algo que te ha removido

Una pérdida, un cambio, una ruptura, una etapa difícil… No siempre sabemos cómo sostener lo que nos pasa. Y no pasa nada por necesitar apoyo para hacerlo.

Cuando el coche se te estropea, buscas un mecánico… Y cuando el pelo te crece o se blanquea, buscas una peluquería. Y… ¿a que no pasa nada?

7. Sientes que estás en “modo supervivencia”, vas en “automático”

Haces lo que tienes que hacer. Cumples. Sigues. Pero no estás bien…

¿Y entonces?

Ir a terapia no es solo para cuando todo se rompe. También es para cuando algo no encaja. Para entender lo que te pasa. Para no tener que sostenerlo todo en soledad. Para evitar lo que nos puede pasar si seguimos así, para conocer nuevas herramientas, y para estar mejor de lo que estamos.

A veces no necesitas poder más. Necesitas un espacio donde poder parar.


Si te has sentido identificado/a con algo de esto, quizá es buen momento para empezar a mirarlo. No tienes que hacerlo solo/a.

Si te apetece, podemos hablar.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Cuando estás cansada de ser fuerte…

A veces no estás mal: estás agotada de sostener demasiado tiempo. Ser fuerte también cansa.

Hay personas que llevan mucho tiempo siendo “las fuertes”. Son las que resuelven, las que sostienen, las que no quieren preocupar…. Las que siguen aunque por dentro estén agotadas.

Y llega un momento en el que ya no es fortaleza: empieza el cansancio emocional.

Ser fuerte no siempre significa estar bien. Muchas veces significa: acostumbrarte a no pedir ayuda, seguir funcionando aunque estés vacía, minimizar lo que te pasa, pensar que descansar es fallar…

Algunas señales de que quizá estás cansada de ser fuerte pueden ser la sensación de irritabilidad constante, dificultad para disfrutar de cualquier cosa, agotamiento mental, ganas de desaparecer un rato… Sentir que no puedes más, pero que tienes que seguir igual.

¿Qué puede ayudarte en estos casos?

1. Dejar de exigirte lo mismo que antes. No estás en el mismo punto.

2. Poner palabras a lo que pesa. Nombrar alivia.

3. Permitir apoyo. No todo tiene que depender de ti.

4. Buscar un espacio propio. A veces acompañarte también necesita compañía.

No siempre necesitas ser más fuerte; muchas veces lo que necesitas es sostenerte mejor.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Bienestar emocional en situaciones difíciles

Hay etapas en las que sostenerse cuesta más. Algunas claves para cuidar tu bienestar emocional cuando estás atravesando algo difícil.

Hay momentos en la vida en los que sostenerse cuesta más.

Una enfermedad cercana, una ruptura, problemas familiares, incertidumbre económica, cambios no buscados o etapas que simplemente duelen…

En esas épocas, muchas personas sienten que además de vivir la dificultad, tienen que “estar bien”, seguir rindiendo y responder como siempre. Y no siempre es así.

El bienestar emocional no significa estar feliz todo el tiempo

A veces se confunde bienestar con alegría constante, calma permanente o ausencia de problemas. Pero el bienestar emocional, especialmente en momentos difíciles, tiene más que ver con poder sentir lo que ocurre sin juzgarse, tener espacios de descanso mental, pedir ayuda cuando hace falta, sostenerse con amabilidad, adaptarse poco a poco a lo que está pasando y recordar que una mala etapa no define toda la vida.


Qué suele pasar en situaciones difíciles

Cuando atravesamos algo complejo es frecuente notar cansancio mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse, insomnio o sueño alterado, querer aislarse, culpa por no poder con todo y sensación de estar “al límite”.

Nada de esto significa debilidad. Muchas veces significa sobrecarga.


Pequeños apoyos que sí ayudan

En etapas difíciles no siempre hacen falta grandes soluciones. A veces ayudan más los gestos pequeños y sostenidos:

1. Bajar exigencia. No pedirte el mismo rendimiento que en otro momento.

2. Nombrar lo que pasa. Ponerlo en palabras ordena internamente.

3. Cuidar lo básico. Dormir, comer, moverte, respirar, hidratarte.

4. Elegir una cosa cada día. No resolverlo todo. Solo lo de ahora, como mucho, lo siguiente.

5. Buscar compañía segura. No todo hay que sostenerlo en soledad.


También cuidarte cuenta. Sostener a otros también requiere apoyo a mí misma/o.


Cuando pedir ayuda puede ser buena idea

Si sientes que la situación te supera, que llevas tiempo en alerta, tristeza o bloqueo, o que no encuentras espacio para ti, hablar con un profesional puede ayudarte a ordenar, aliviar y acompañarte en el proceso.

En situaciones difíciles no siempre se trata de poder más. Es posible que se trate de sostenerte mejor. Y eso también es bienestar emocional.


Si estás atravesando un momento complejo y sientes que necesitas apoyo, trabajo acompañando procesos así, de manera online y con calma. Puedes escribirme sin compromiso.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

La autocrítica cuando estás sosteniendo a otra persona

Cuando acompañas a alguien en un momento difícil, es fácil exigirte demasiado. A veces la carga no es solo externa: también viene de cómo te hablas.

Acompañar a alguien en un momento difícil no es fácil. Implica estar, escuchar, sostener… incluso cuando tú también estás cansada o no sabes muy bien qué hacer.

Y, sin darte cuenta, puede aparecer algo silencioso pero muy presente: la autocrítica. Esa voz que te dice “podrías hacerlo mejor”, “no es suficiente”, “deberías saber más”, “tienes que estar aún más pendiente”, “tienes que ser más paciente”... ¿Te suena?


¿Qué es la autocrítica?

La autocrítica es esa forma de hablarte a ti misma desde la exigencia. 

No siempre aparece como algo duro o evidente. A veces es más sutil, en la línea de “debería haber dicho otra cosa”, “no lo estoy haciendo bien”, “seguro que necesita más de mí”, “tendría que estar más disponible”., “podría haberlo hecho diferente”..

Y, poco a poco, te coloca en un lugar de tensión constante.

Cuando acompañas… también te deberías de acompañar, porque cuando estás sosteniendo a otra persona, es fácil olvidarte de ti, y lo que pasa dentro de ti también importa. Para estar para los demás, tienes que estar primero para ti.

Por eso, a veces ayuda parar un momento y preguntarte:

¿Cómo creo que lo estoy haciendo?

¿Desde dónde me estoy exigiendo?

¿Cómo creo que hago sentir a la otra persona?

¿Qué señales reales tengo de eso?

¿Cómo me estoy sintiendo yo en esta situación?


No para juzgarte más, sino para entenderte mejor. 

No se trata de hacerlo perfecto. Acompañar no es hacerlo todo bien, eso es subjetivo. No es tener siempre la palabra adecuada ni saber exactamente qué hacer.

Acompañar es estar, escuchar, no huir, sostener incluso la incomodidad. Y eso, aunque a veces parezca poco, es mucho.


Cuidarte también forma parte del acompañamiento. Si te exiges constantemente, te desgastas. Y cuando te desgastas, cualquier cosa se vuelve más difícil.

Por eso, en medio de todo, quizá puedas recordarte algo:

No tienes que hacerlo perfecto.

No tienes que poder con todo.

No tienes que olvidarte de ti para estar para alguien.


A veces, la forma en la que te hablas a ti misma marca la diferencia entre sostener… y romperte mientras sostienes.

Quizá hoy puedas empezar por algo sencillo: hablarte con un poco más de amabilidad.


Si estás acompañando a alguien y sientes que te estás desgastando, no tienes que hacerlo sola. También puedes tener un espacio para ti.

Leer más