Marta Llames Marta Llames

Cuando te permites parar, la ‘cosa’ cambia

Hay momentos en los que todo se acumula.

Las preocupaciones, las decisiones pendientes, el cansancio, las emociones que no terminan de encontrar su sitio. Y sin darte cuenta, sigues adelante intentando sostenerlo todo.

A veces parar da miedo.

Porque parece que, si te detienes, todo lo que llevas dentro va a aparecer de golpe. Como si no parar fuera una forma de mantener el equilibrio, aunque ese equilibrio sea frágil. Sin embargo, cuando te permites parar, algo empieza a cambiar.

Empiezas a escucharte.

Lo que antes quedaba tapado por la prisa o por la necesidad de seguir funcionando, empieza a tomar forma. Aparecen preguntas, emociones, sensaciones… y también una comprensión más amable hacia lo que estás viviendo.

Parar también ayuda a ordenar.

Cuando todo va demasiado rápido, todo se mezcla. Pero al bajar el ritmo, algunas cosas se colocan solas. Lo importante se vuelve más claro y lo que parecía enorme a veces se vuelve más manejable.

Parar significa darte permiso.

Permiso para no poder con todo, para sentirte cansada/o, para reconocer que algo te duele o que necesitas apoyo. Y ese permiso, aunque parezca pequeño, abre un espacio diferente.

No es que al parar se resuelva todo.

Pero deja de ser una carrera constante. Aparece más calma, más perspectiva y, muchas veces, una sensación de que puedes ir paso a paso.

Permitirte parar no es rendirte.

Es empezar a escucharte, a recolocar lo que llevas dentro y a darte el tiempo que necesitas. Y seguramente, desde ese lugar, algo empieza a colocarse.


No hace falta hacer grandes cambios. Solo parar un momento, escucharte y permitir que las cosas vayan encontrando su lugar. Y desde ahí, poco a poco, empezar a estar un poco mejor.


Podemos hablar de esto si quieres. Escríbeme sin compromiso.

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Cuando dejas de sostener sola, empiezan a moverse cosas (aunque no lo arregle todo)

A veces, pedir ayuda cuesta mucho: porque estás acostumbrada a poder con todo, porque no sabes muy bien por dónde empezar o porque sientes que deberías poder sola.

Y también… porque has aprendido a sostener sin hacer ruido. A estar pendiente. A no fallar. A seguir adelante incluso cuando por dentro todo pesa.


En muchas situaciones difíciles (como cuando hay una enfermedad en la familia, un momento complicado o una carga emocional sostenida durante mucho tiempo), toda la atención suele ponerse en lo urgente, en lo que más se ve, en quien más lo necesita en ese momento. 

Pero mientras eso ocurre, hay otras personas que empiezan a sostener la situación en silencio: personas están cerca y que acompañan, que organizan, que están pendientes de todo, que intentan mantenerse fuertes para los demás…

Y poco a poco, sin darse cuenta, ese sostener empieza a pesar. Porque sostener también cansa. Cansa no tener espacio, no parar, no poder soltarse…

Y a veces, incluso aparece una sensación difícil de explicar: la de estar para todo el mundo… pero sentir que no tienes dónde apoyarte.


Pedir ayuda no lo arregla todo, no hace que desaparezca lo que duele, no cambia de golpe la situación, ni elimina la incertidumbre. Pero sí puede empezar a mover cosas poco a poco…

Empiezas a poner palabras a lo que antes se quedaba dentro, a ordenar lo que está revuelto, a entenderte un poco mejor, a darte permiso para no poder con todo, a parar (aunque sea un poco), a sentirte acompañada en lo que estás viviendo…

Y eso, aunque no lo cambie todo, cambia mucho.


También puede empezar a aparecer algo que muchas veces se había quedado en segundo plano: escucharte. Escucharte sin exigencia, sin tener que ser fuerte todo el tiempo, sin tener que poder con todo. Y desde ahí, poco a poco, empezar a sostenerte de otra manera.

No es un cambio inmediato. No es una solución mágica. Es más bien un proceso suave; por lo general, es lento. A veces incómodo al principio. Pero también es un espacio donde no tienes que hacerlo todo sola.


Pedir ayuda no es un signo de debilidad, al contrario, es una forma de autocuidado. Una manera de reconocer que lo que estás viviendo es significativo. Que tú también eres importante dentro de todo eso y que mereces tener un lugar donde poder soltar un poco.

No se trata de cambiarlo todo. Se trata simplemente de no hacerlo sola.

Y eso, aunque parezca pequeño… puede cambiar mucho más de lo que parece.


Si tú quieres, yo te ayudo. - Escríbeme


Leer más
Marta Llames Marta Llames

Cuando una enfermedad grave aparece en la familia

Cuando una enfermedad grave llega a una familia, no solo enferma una persona: toda la familia empieza a sostener esa realidad.

Hay momentos en la vida en los que todo cambia de repente.

Un diagnóstico médico, una enfermedad grave o un proceso de salud largo no solo afecta a quien lo recibe. También transforma profundamente la vida de toda la familia.

Las rutinas cambian. Las preocupaciones aparecen. Las conversaciones giran alrededor de la enfermedad. Y poco a poco, muchas personas comienzan a vivir con una sensación constante de alerta, de responsabilidad o de cansancio emocional que a veces cuesta explicar.


Cuando alguien a quien queremos está enfermo, los familiares empezamos también a sostener esa situación.


El papel invisible de la familia

En muchos procesos de enfermedad grave hay alguien que acompaña, que organiza, que pregunta, que cuida.

Personas que están pendientes de citas médicas, que acompañan a consultas o tratamientos, que sostienen el día a día familiar, y que intentan mantenerse fuertes para los demás.

Muchas veces estas personas sienten que no pueden permitirse parar, porque la situación requiere estar presentes. Y sin darse cuenta, pueden ir acumulando un cansancio emocional profundo.


Emociones que a veces no tienen espacio

Cuando una enfermedad grave aparece en la familia, pueden surgir muchas emociones al mismo tiempo: miedo, incertidumbre, tristeza, rabia, agotamiento…

Pero en muchos casos estas emociones quedan en segundo plano, porque toda la atención está puesta en la persona enferma.

Es frecuente que quienes acompañan piensen cosas como:

"No es momento de pensar en mí."

"Tengo que estar fuerte."

"Ahora lo importante es que él/ella esté bien."


Y sin embargo, quienes sostienen también necesitan un espacio donde poder expresar lo que están viviendo.


Cuidar también a quienes sostienen

Acompañar a alguien en un proceso de enfermedad es una experiencia profundamente humana, pero también puede ser muy exigente emocionalmente.

Por eso es importante recordar algo sencillo: quienes cuidan también necesitan ser cuidados.

Poder hablar de lo que ocurre. Poner palabras a lo que se siente. Encontrar momentos para respirar dentro de una situación difícil.


No se trata de dejar de estar presentes para el otro, sino de cuidar el equilibrio emocional para poder seguir sosteniendo la situación sin romperse por dentro.


Un espacio para quienes acompañan

En muchos momentos de enfermedad grave, los familiares también necesitan un lugar donde poder parar y hablar de lo que están viviendo. Un espacio donde no tengan que ser fuertes todo el tiempo. Donde puedan compartir el cansancio, el miedo o la incertidumbre que aparecen durante el proceso.

Porque sostener una situación difícil durante mucho tiempo también merece ser acompañado.


A veces quienes sostienen a otros también necesitan un espacio donde poder sostenerse.

Podemos hablar, solo para resolver dudas.  → WhatsApp

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Duelo con alguien vivo pero ausente

Cuando una enfermedad, una adicción o un cambio profundo transforman la relación con alguien que queremos.

Hay duelos que no empiezan con la muerte, sino con el momento en que alguien que queremos deja de estar realmente presente en nuestra vida.

Hay pérdidas que todo el mundo reconoce. La muerte de alguien querido, por ejemplo.

Pero hay otros duelos más silenciosos, más difíciles de nombrar, que muchas personas atraviesan sin saber muy bien qué les está pasando.

Es el duelo por alguien que sigue vivo, pero que de alguna manera ya no está en la relación como antes.

Puede ocurrir cuando un familiar tiene una enfermedad mental, una adicción, un deterioro cognitivo o una enfermedad que ha cambiado profundamente su forma de ser.

También cuando una relación se rompe emocionalmente aunque continúe existiendo, o cuando una persona se aleja tanto que el vínculo deja de ser lo que era. En estos casos aparece una sensación difícil de explicar: la persona está viva, pero la relación que teníamos con ella ya no es la misma

Y eso también duele.

Un duelo que muchas veces pasa desapercibido

Este tipo de duelo suele ser muy solitario porque desde fuera puede parecer que “todo sigue igual”, la persona sigue ahí. Pero quien lo vive sabe que algo importante ha cambiado.

A veces aparece la sensación de haber perdido a alguien poco a poco. O de estar sosteniendo una relación que ya no se parece a la que fue. Y junto con el dolor pueden aparecer emociones muy mezcladas:

  • tristeza

  • cansancio emocional

  • culpa

  • enfado

  • confusión

  • sensación de pérdida.

Todas ellas son comprensibles.


Cuando la relación cambia, también cambia el lugar que ocupamos

Muchas veces, quienes atraviesan este tipo de duelo pasan a ocupar un lugar diferente en la relación. Se convierten en:

  • cuidadores

  • mediadores familiares

  • personas que sostienen situaciones difíciles durante mucho tiempo.

Ese cambio puede generar un desgaste emocional importante. Porque además del dolor por lo que se ha perdido, aparece la responsabilidad de seguir sosteniendo la situación. Y no siempre hay un espacio donde poder hablar de todo esto.


Poner nombre también ayuda

Nombrar este tipo de experiencias como duelo puede ser muy liberador porque permite reconocer que algo importante se ha perdido, aunque la persona siga viva.

No se trata de abandonar la relación ni de dejar de querer. Se trata de poder reconocer lo que duele y encontrar una forma más cuidadosa de sostenerlo.


Un espacio para quienes sostienen

Muchas personas llegan a consulta no porque ellas estén en el centro del problema, sino porque sostienen a alguien que lo está pasando mal. En esos casos, tener un espacio donde poder hablar, ordenar lo que se siente y cuidar también el propio bienestar puede marcar una gran diferencia.

Porque acompañar situaciones difíciles durante mucho tiempo también necesita acompañamiento.

Cuando una relación cambia profundamente, también aparece un duelo que necesita ser acompañado.

Aquí estoy si te apetece compartir.  → WhatsApp

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Cansancio emocional

Hay días en los que no estamos físicamente agotados… pero sentimos que no podemos más.

No es falta de sueño. No es falta de energía en el cuerpo. Es otra cosa. Es ese cansancio que no se ve. El que viene de sostener demasiado durante demasiado tiempo. Eso es cansancio emocional.

¿Qué es el cansancio emocional?

Aparece cuando llevamos tiempo gestionando preocupaciones, responsabilidades, conflictos o situaciones difíciles sin un espacio real para parar.

No siempre se nota de golpe. A veces llega poco a poco: te cuesta ilusionarte con cosas que antes te motivaban, sientes que todo te pesa más, estás más irritable o más sensible, incluso lloras con facilidad o, al contrario, te notas desconectada/o, necesitas silencio, pero también te sientes sola/o.

No es debilidad. Es acumulación. No siempre es “estrés”.

El estrés suele estar ligado a algo concreto. El cansancio emocional, en cambio, muchas veces tiene que ver con sostener. Sostener a otros, sostener decisiones difíciles, sostener pérdidas, sostener incertidumbre.

Y cuando una persona lleva tiempo siendo fuerte, responsable o cuidadora, puede olvidarse de preguntarse cómo está ella.

Señales de que podrías estar emocionalmente agotada/o

Sensación constante de “no puedo más”.

Falta de ganas incluso en momentos tranquilos.

Dificultad para concentrarte.

Sensación de vacío.

Culpa por necesitar parar.

A veces el cuerpo empieza a hablar cuando las emociones llevan tiempo calladas.

¿Qué ayuda cuando hay cansancio emocional?

No hay soluciones mágicas, pero sí pequeños gestos que marcan diferencia:

Reconocer que algo te está pesando.

Permitirte no poder con todo.

Reducir exigencia.

Pedir ayuda.

Crear un espacio seguro donde poder hablar sin tener que sostener nada.

Acompañar el cansancio no es exigir que desaparezca. Es entender qué lo está provocando. No siempre hay que aguantar. Estamos muy acostumbrados a funcionar, a seguir, a cumplir.

Pero el cansancio emocional es una señal. Y escucharla a tiempo puede evitar que se convierta en algo más profundo. A veces no necesitamos ser más fuertes. Necesitamos dejar de hacerlo todo solas/os.

Si sientes que llevas tiempo sosteniendo demasiado, quizá sea momento de tener un espacio donde poder soltar. El acompañamiento psicológico es también eso: un lugar donde no tienes que poder con todo.

Estoy aquí si lo necesitas.  → WhatsApp

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Autocuidado en situaciones difíciles: cuando cuidarte parece lo último en tu lista

Todo empieza con una idea.

Hay momentos en los que la vida pesa más: una ruptura, un conflicto familiar, un duelo, un problema de salud, un periodo de ansiedad, un cansancio que no se va…

Y justo en esos momentos, cuando más lo necesitamos, el autocuidado suele desaparecer. No porque no sepamos que es importante. Sino porque no tenemos energía para sostenerlo.

Hoy quiero hablarte de eso. No del autocuidado “perfecto”. Sino del real, del posible, del suficiente.

Autocuidado no es exigirte más. A veces confundimos autocuidado con hacer más cosas: meditar 20 minutos, hacer deporte todos los días, comer impecable, ser productiva, pensar en positivo…

Pero cuando estás atravesando algo difícil, eso puede sentirse como otra presión más. Y el autocuidado no debería convertirse en una obligación.

En situaciones difíciles, autocuidarte puede ser simplemente: levantarte aunque no tengas ganas, comer algo aunque sea sencillo, pedir ayuda, cancelar un plan, decir “hoy no puedo”. Eso también es cuidarte.

Cuando todo está revuelto, baja el nivel. En momentos de crisis, el objetivo no es “estar bien”. Es estar un poco más sostenida.

Pregúntate: “¿Qué tendría que hacer hoy  para ser un 5% más amable conmigo?” 

Quizá: acostarte antes, salir 10 minutos a que te dé el aire, no responder ese mensaje ahora, llorar sin juzgarte… 

El autocuidado en momentos difíciles es pequeño, pero debe ser constante.

Cuidarte también es permitirte sentir. A veces pensamos que autocuidarnos es distraernos para no pensar. Pero muchas veces el verdadero cuidado es permitirnos sentir lo que está pasando: tristeza, rabia, miedo, confusión…

No todo lo que duele hay que eliminarlo rápido. Algunas cosas necesitan ser atravesadas. Y hacerlo acompañada cambia mucho.

No tienes que poder con todo sola. Uno de los mayores actos de autocuidado es pedir apoyo, hablar, explicar lo que está pasando por dentro, sentirte escuchada sin juicio…

Cuando estás en una situación difícil, no necesitas soluciones mágicas. Necesitas un espacio seguro. Un lugar donde no tengas que estar fuerte todo el tiempo.

Quizá hoy el autocuidado sea esto. Leer esto. Parar cinco minutos. Respirar más lento.

Si estás atravesando un momento complicado, quiero que sepas algo:

  • No tienes que hacerlo perfecto.

  • No tienes que hacerlo rápido.

  • No tienes que hacerlo sola.

Cuidarte no siempre es brillar. A veces es simplemente sostenerte. Y eso ya es mucho.

Si estás pensando en empezar terapia o necesitas un espacio donde poder ordenar lo que estás viviendo, puedes escribirme.

Estoy aquí para acompañarte → WhatsApp

Leer más
Marta Llames Marta Llames

Ansiedad

Todo empieza con una idea.

La ansiedad es una respuesta natural que todos sentimos en momentos de tensión o incertidumbre. A veces se vuelve constante y nos impide disfrutar de nuestra vida.

Aquí tienes 3 pasos prácticos para manejarla:

  1. Respira conscientemente: Dedica 2–3 minutos varias veces al día a respirar profundo y notar tu cuerpo.

  2. Identifica tus pensamientos: Pregúntate si lo que piensas es real o si son miedos exagerados.

  3. Muévete: Caminar, estirarte o hacer ejercicio suave ayuda a liberar tensión.

Recuerda, no estás sola/o en esto. Buscar acompañamiento puede ayudarte a sentirte más segura/o y tranquila/o.

Si quieres apoyo personalizado, reserva tu sesión aquí → WhatsApp

Leer más