Emociones en los procesos de fertilidad

Lo que muchas veces no se ve

Al hablar de fertilidad solemos pensar rápidamente en pruebas médicas, tratamientos, resultados o tiempos de espera. Pero detrás de todo eso, muchas veces hay algo de lo que se habla mucho menos: el impacto emocional.

Los procesos de fertilidad pueden convertirse en un camino lleno de incertidumbre, ilusión, miedo, agotamiento y soledad emocional. Y aunque cada persona lo vive de forma distinta, hay algo que suele repetirse o ser común: la sensación de tener que seguir funcionando mientras por dentro están pasando demasiadas cosas.

La montaña rusa emocional

Hay días de esperanza. Días en los que parece que todo puede salir bien.

Y también hay días de cansancio, frustración o tristeza. Momentos en los que aparecen preguntas que pueden tener respuesta difíciles:

- “¿Y si no ocurre?”

- “¿Por qué está siendo tan complicado?”

- “¿Cuánto tiempo más podré sostener esto?”

Muchas personas sienten que viven en una especie de montaña rusa emocional constante, donde el cuerpo, la mente y las emociones están siempre en alerta.

El desgaste silencioso

Por lo general el entorno no termina de comprender todo lo que implica este proceso, y vienen con comentarios como “relájate y ya llegará”, “no lo pienses tanto”, “si lo piensas tanto no llega”, “seguro que cuando menos te lo esperas es cuando pasa”… que pueden hacer que la persona se sienta todavía más sola o incomprendida.

Porque detrás de cada tratamiento, prueba o espera, suele haber mucho desgaste emocional acumulado: miedo, presión, culpa, ansiedad, comparación con otras personas u otros casos, dificultad para desconectar o sensación de pérdida de control.

Y muchas veces todo eso se vive en silencio.

La pareja también atraviesa el proceso

En muchas ocasiones, la fertilidad también pone a prueba la relación de pareja. No es algo solo de la persona gestante (cuando se hace en pareja), es cosa de dos.

Cada persona puede vivir el proceso de forma diferente. Una puede necesitar hablar constantemente, mientras la otra intenta protegerse emocionalmente evitando pensar demasiado.

Y aunque ambas estén sufriendo, no siempre consiguen acompañarse de la misma manera.

Por eso, cuidar el vínculo y crear espacios donde poder expresar lo que está ocurriendo emocionalmente también es importante.

Cuando el proceso se vive en solitario

Cada vez más mujeres deciden iniciar un proceso de fertilidad solas. Y aunque muchas veces es una decisión profundamente deseada y consciente, eso no significa que emocionalmente sea sencillo.

A veces aparecen dudas, miedo, agotamiento o la sensación de tener que sostener absolutamente todo una misma: las decisiones, las citas médicas, la incertidumbre, las emociones e incluso los comentarios y actos de las personas del entorno.

Porque aunque exista ilusión, también puede haber momentos de soledad emocional o necesidad de apoyo. Y muchas mujeres sienten presión por tener que demostrar constantemente que están “seguras”, “fuertes” o “convencidas” de todo.

Pero incluso cuando una decisión nace desde el deseo más profundo, sigue siendo humano necesitar espacios donde parar, expresar emociones y sentirse acompañada durante el proceso.

Pedir ayuda también es cuidarse

Acompañar emocionalmente un proceso de fertilidad no significa “ser débil” ni “no poder sola”. No significa “no estar preparada”. Simplemente significa necesitar un espacio donde bajar la exigencia, expresar el miedo, ordenar emociones, sentirse comprendida y acompañada ante la incertidumbre, y no tener que sostenerlo todo constantemente.

Porque detrás de muchos procesos de fertilidad hay personas intentando sostener muchísimo más de lo que se ve desde fuera. Y merecen poder hacerlo acompañadas.

Aquí estoy si lo necesitas.

Anterior
Anterior

Cómo acompañar a alguien sin romperte por dentro

Siguiente
Siguiente

Terapia online: cuándo puede ayudarte de verdad