Volver a la rutina sin sentir que has parado

Agosto se termina y empiezan a aparecer las palabras de todos los años: vuelta a la rutina, vuelta al cole, vuelta al trabajo, vuelta a la normalidad. Parece que septiembre marca una especie de reinicio después de unas semanas destinadas a descansar, desconectar y recuperar energía.
Pero ¿qué ocurre cuando sientes que, en realidad, nunca llegaste a parar?
Las vacaciones no significan lo mismo para todo el mundo. Para algunas personas han sido semanas de descanso, viajes, desconexión y cambio de ritmo. Para otras, simplemente han cambiado las tareas, los horarios o el lugar desde el que seguían ocupándose de todo.

Unas vacaciones que quizá no fueron vacaciones

Tener días libres en el trabajo no significa necesariamente haber descansado. Durante el verano los niños pasan más tiempo en casa, cambian los horarios y hay que organizar comidas, planes, desplazamientos y actividades. Incluso viajar, cuando tienes personas a tu cargo, puede implicar seguir anticipando necesidades, preparando cosas y estando pendiente de que todo funcione.
Para otras personas, el verano ha seguido incluyendo el cuidado de unos padres mayores, el acompañamiento a un familiar enfermo o las responsabilidades que existen durante todo el año y que no desaparecen porque llegue agosto. También puede que hayas atravesado una situación personal complicada o que, simplemente, este verano no hayas tenido ni las circunstancias ni el estado de ánimo que solemos asociar con las vacaciones.

Y también están esos pequeños contactos con el trabajo que aparentemente no cuentan: responder un mensaje, mirar un correo, solucionar algo “que solo lleva un minuto”. Pequeñas interrupciones que pueden dificultar mucho más de lo que parece la sensación de haber desconectado.
Porque tener días libres y sentir que has descansado no siempre son la misma cosa.

La vuelta empieza antes de volver

Además, septiembre rara vez comienza el día 1. Muchas veces empieza varios días antes, cuando nuestra cabeza comienza a anticipar todo lo que hay que preparar.
Hay que recuperar horarios, pensar en la vuelta al trabajo, comprobar uniformes y ropa del colegio porque algo probablemente ya no sirve, comprar zapatos, libros o material escolar, organizar actividades, revisar citas pendientes y resolver esas compras de última hora que siempre aparecen.
También hay que volver a coordinar quién lleva a los niños, quién los recoge, cómo encajan los horarios laborales, las actividades y todo lo demás. Y mientras organizas la vuelta, las responsabilidades que ya estaban presentes durante el verano continúan ahí. Los padres a los que cuidas siguen necesitando ayuda, las responsabilidades familiares no desaparecen, la casa sigue funcionando y el trabajo vuelve a reclamar su espacio.

Así, septiembre puede empezar a llenarse incluso antes de haber llegado.

El agotamiento de tener que pensar en todo

Muchas veces no nos agota únicamente hacer las cosas. También nos agota tener que acordarnos de que hay que hacerlas.
Pensar qué falta, anticipar qué necesitaremos dentro de unos días, comprobar horarios, comprar, reservar, preguntar, coordinar y resolver los pequeños imprevistos que aparecen por el camino forma parte de una carga que no siempre se ve.
Desde fuera quizá alguien simplemente está “preparando la vuelta al cole” u “organizando septiembre”. Sin embargo, detrás puede haber decenas de pequeñas decisiones que ocupan espacio mental durante todo el día.
Y cuando vienes de unas semanas en las que ya has estado pendiente de otras personas, esa nueva lista puede aparecer justo cuando se supone que deberías regresar descansado.

“Pero si acabas de volver de vacaciones”

Existe una expectativa bastante instalada alrededor de la vuelta: después de las vacaciones deberíamos regresar con energía, descansados, motivados y preparados para empezar de nuevo. Pero quizá tú no vuelves así.

Puede que hayas cuidado más que descansado, que hayas tenido mucho más tiempo con tus hijos pero mucho menos tiempo para ti, que hayas pasado parte del verano preocupado por alguien o que simplemente hayas tenido unas semanas emocionalmente complicadas.
También puede ocurrir lo contrario: quizá hayas disfrutado muchísimo de tus vacaciones y, aun así, la vuelta te esté costando. Haberlo pasado bien no significa que el cambio de ritmo tenga que resultar sencillo.
No necesitas justificar por qué septiembre te pesa solo porque hayas tenido unos días de vacaciones.

La presión por empezar septiembre “bien”

A todo esto se suma que septiembre suele venir acompañado de una especie de enero adelantado. Parece el momento de volver al gimnasio, comer mejor, organizarse, recuperar rutinas, retomar proyectos, ordenar la casa y empezar todo aquello que dejamos pendiente antes del verano.
Sin darnos cuenta, podemos añadir a las obligaciones reales de la vuelta otra lista formada por todo lo que creemos que deberíamos empezar a hacer.

Pero no necesitas tener tu vida perfectamente organizada el primer día de septiembre. Puedes recuperar los horarios poco a poco, decidir qué es realmente urgente y qué puede esperar, repartir responsabilidades y permitir que algunas cosas encuentren su sitio durante las primeras semanas.
Volver a la rutina no tiene por qué significar recuperar inmediatamente el ritmo que tenías antes de marcharte.

La vuelta también necesita un periodo de adaptación

Pasar del verano a septiembre no es pulsar un interruptor. Cambian los horarios, las responsabilidades, la organización familiar y, muchas veces, también nuestras propias expectativas.
Si además llegas a este momento sintiendo que tus vacaciones no han sido exactamente unas vacaciones, quizá lo último que necesitas sea exigirte empezar septiembre al cien por cien.
No tienes que demostrar que has descansado porque hayas tenido días libres. Tampoco tienes que sentirte especialmente motivado porque comienza una nueva etapa ni aprovechar septiembre para reorganizar toda tu vida.
Quizá durante los primeros días simplemente necesites volver, recuperar poco a poco tus horarios y encontrar de nuevo tu ritmo.
Y volver poco a poco también es volver.

Si este verano has cuidado, organizado, sostenido y resuelto más de lo que has descansado, quizá septiembre no necesite empezar con más exigencia.

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