¿En qué lugar de tu agenda estás tú?

Septiembre llega y la agenda vuelve a llenarse.
Regresan los horarios de trabajo, el colegio, las actividades, las citas médicas, las reuniones, las compras pendientes y todas esas tareas que durante el verano habían cambiado de ritmo o habían quedado aparcadas.

Poco a poco vamos encontrando un hueco para cada cosa. Hay compromisos que anotamos sin plantearnos demasiado si caben o no. Si tenemos una cita médica, buscamos cómo organizarnos. Si hay una reunión importante, bloqueamos ese espacio. Si nuestros hijos tienen una actividad, reorganizamos la tarde. Si alguien a quien cuidamos necesita que lo acompañemos, intentamos encontrar la manera.
Sin embargo, hay otras cosas que parecen funcionar de forma diferente.

Lo importante y lo urgente no siempre coinciden

Cuando tenemos muchas cosas que hacer, tendemos a ocuparnos primero de aquello que tiene una fecha, una consecuencia inmediata o alguien esperando al otro lado.
El trabajo tiene horarios. El colegio también. Una cita médica tiene una hora concreta. Las facturas vencen. Los correos esperan respuesta. Las personas que dependen de nosotros tienen necesidades que no podemos posponer indefinidamente.

Nuestro desarrollo personal, en cambio, rara vez tiene una fecha límite.

No ocurre nada visible por cancelar una tarde que habías reservado para ti. Nadie te reclama si llevas semanas queriendo retomar algo que te hace bien. Y quizá tampoco parece especialmente grave posponer una sesión con tu psicóloga porque esa semana tienes demasiadas cosas.
Siempre puedes retomarlo la siguiente.
Y precisamente por eso puede acabar quedándose siempre para después.

Aquello que hacemos por nosotros suele ser más fácil de negociar

Hay una diferencia importante entre pensar que algo nos importa y darle realmente un espacio en nuestra vida. Podemos valorar mucho nuestra salud emocional y, aun así, colocarla continuamente al final de la lista. No necesariamente porque no nos importe, sino porque compite con cosas que parecen más urgentes:
- “Esta semana tengo muchísimo trabajo.”
- “Con la vuelta al cole es imposible.”
- “Cuando termine de organizar todo, pido cita.”
- “Ahora mismo no tengo tiempo.”

Y probablemente todo eso sea cierto. El problema aparece cuando llevamos meses esperando a que llegue esa semana en la que haya menos cosas.
Porque quizá esa semana no llegue.

Ir a terapia también ocupa un espacio en la agenda

Empezar o continuar un proceso psicológico requiere tiempo.
Hay que encontrar una hora, acudir a la sesión y permitirnos detener durante un rato todo lo demás. Y eso puede resultar especialmente difícil para quienes están acostumbrados a organizar su vida alrededor de las necesidades de otras personas.
A veces pensamos en la terapia como algo a lo que recurriremos cuando estemos peor, cuando tengamos más tiempo o cuando haya pasado esa situación que ahora mismo nos ocupa.
Pero el trabajo personal no tiene por qué empezar únicamente cuando ya no podemos más.
Una sesión también puede ser ese espacio en el que comprender qué nos está ocurriendo, revisar cómo estamos afrontando una situación, aprender a poner límites, tomar decisiones o simplemente poder hablar sin tener que ocuparnos durante ese rato de cómo están los demás.

Priorizarte no significa colocarte siempre primero

Hablar de prioridades puede llevarnos fácilmente a otro extremo: pensar que cuidarnos significa ponernos siempre por delante de todo. Y la vida real no funciona así.
Habrá semanas en las que el trabajo necesite más de ti. Momentos en los que tus hijos requieran más atención. Etapas en las que cuidar de tus padres o acompañar a alguien importante ocupe inevitablemente gran parte de tu tiempo.

No se trata de convertirte siempre en tu prioridad número uno. Se trata de no convertirte sistemáticamente en la última.

Porque hay una diferencia entre posponer algo puntualmente porque la vida lo requiere y acostumbrarnos a que todo lo relacionado con nosotros sea siempre lo primero que desaparece de la agenda cuando faltan horas.

Quizá septiembre no necesite otra lista de propósitos

Con la vuelta a la rutina es fácil pensar en todo lo que queremos empezar o retomar: hacer deporte, comer mejor, organizarnos, leer más, aprender algo nuevo o recuperar determinados hábitos…
Pero el desarrollo personal no tiene por qué convertirse en otra obligación de septiembre.

Quizá la pregunta sea más sencilla. Cuando organizas tu semana y repartes tu tiempo entre aquello que tienes que hacer y las personas a las que quieres cuidar, ¿queda algún espacio para saber cómo estás tú?

No tiene que ser perfecto, ni tiene que ocurrir todos los días. Tampoco significa que nunca puedas cancelar o cambiar tus planes.
Pero aquello que es importante para nosotros necesita, de alguna manera, existir también en nuestra agenda. Porque si esperamos a ocuparnos de nosotros cuando todo lo demás esté resuelto, podemos pasar mucho tiempo esperando.

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En Marita. Acompañamiento psicológico entiendo la terapia como un espacio dentro de la vida real, con sus horarios, responsabilidades, cuidados e imprevistos.
No necesitas esperar a estar desbordada/o para dedicar tiempo a entender cómo estás y qué necesitas.

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