La necesidad de aprovechar el tiempo

Terminas de trabajar y piensas en todo lo que podrías hacer después.
Llega el fin de semana y haces una lista mental de planes.
Tienes una tarde libre y, casi sin darte cuenta, aparece la pregunta: “¿Qué puedo hacer para aprovecharla?”

Parece algo positivo. Al fin y al cabo, aprovechar el tiempo suena bien. El problema aparece cuando deja de ser una elección y se convierte en una exigencia.

Cuando hacer “nada” empieza a producir incomodidad. Cuando un día sin planes parece un día perdido. Cuando descansar, improvisar o simplemente dejar pasar las horas viene acompañado de la sensación de que podrías estar haciendo algo más útil.

¿Cuándo empezamos a medir así nuestro tiempo?

Vivimos rodeados de mensajes que nos recuerdan constantemente todo lo que podríamos estar haciendo. Aprovecha las mañanas, el fin de semana, las vacaciones….
Haz ejercicio. Lee. Viaja. Fórmate. Ordena la casa. Queda con tus amigos. Dedica tiempo a tu familia. Cuídate. Cocina mejor. Empieza ese proyecto que llevas meses posponiendo. Incluso el autocuidado puede acabar convirtiéndose en una obligación más.
Y poco a poco podemos interiorizar una idea: si tengo tiempo disponible, debería utilizarlo bien. Pero ¿qué significa “bien”?

Cuando el ocio también tiene que ser productivo

A veces esta necesidad aparece incluso cuando estamos haciendo algo que, en teoría, hemos elegido para disfrutar.
Vamos de viaje y queremos verlo todo. Tenemos un fin de semana libre y sentimos que deberíamos hacer algún plan. Salimos a caminar y pensamos que podríamos aprovechar para escuchar un podcast. Nos sentamos a ver una serie y aparece la sensación de que quizá deberíamos estar haciendo otra cosa.
Hasta los momentos destinados a desconectar pueden convertirse en espacios que intentamos optimizar.
Y entonces ocurre algo curioso: estamos haciendo algo agradable, pero nuestra cabeza sigue evaluando si estamos utilizando bien ese tiempo.

“Hoy no he hecho nada”

Es una frase que decimos con mucha facilidad, pero casi nunca es cierta. Quizá has dormido más, has desayunado sin mirar el reloj, has hablado con alguien, has estado tumbado en el sofá, has dado un paseo sin ningún objetivo concreto, has mirado por la ventana, has perdido el tiempo. Y quizá ahí está precisamente la cuestión.

¿Por qué necesitamos justificar cada hora del día? ¿Por qué parece que el tiempo solo tiene valor cuando podemos explicar qué hemos hecho con él?

No todo momento necesita tener un propósito

Hay momentos que no tienen que servir para nada. No tienen que ayudarte a mejorar. No tienen por qué hacerte más productivo. No tienen que convertirse en una experiencia memorable. No tienes que sacarles una enseñanza. A veces puedes hacer algo simplemente porque te apetece. Y otras veces puedes no hacer nada en particular.

Esto no significa renunciar a nuestros objetivos, dejar de organizar nuestro tiempo o no disfrutar haciendo planes. Se trata de poder elegir. No es lo mismo pensar “quiero hacer esto” que sentir “debería estar haciendo algo.”

Quizá no necesitas aprovechar cada minuto

El tiempo no es únicamente algo que tenemos que llenar. Es además el espacio en el que vivimos. Y si constantemente estamos pensando en cómo aprovechar el momento siguiente, podemos acabar estando muy poco presentes en el que ya tenemos.

Quizá algunas tardes no necesiten un plan. Algunos fines de semana no necesiten ser inolvidables. Algunas vacaciones no necesiten una lista de lugares que visitar. Y algunos momentos no necesiten convertirse en nada.

Puedes organizarte, tener proyectos, hacer planes y querer aprovechar determinadas oportunidades. Y también puedes permitirte algo que, a veces, parece mucho más difícil: dejar que el tiempo pase sin sentir que tienes que demostrar que ha merecido la pena.

En Marita acompaño a personas que viven con altos niveles de autoexigencia, responsabilidad o carga emocional y que sienten que incluso parar, desconectar o no estar haciendo algo puede resultar difícil.

No todo tu tiempo tiene que ser productivo para tener valor.

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Cuando te acostumbras a poder con todo