Pensar en morir no siempre significa querer morir

Hablar de suicidio sigue siendo difícil.
Unas veces porque nos asusta no saber qué decir. Otras porque pensamos que preguntar puede empeorar las cosas. Y muchas veces porque, cuando escuchamos que alguien ha pensado en morir, nuestra cabeza se va inmediatamente al escenario más extremo.
Pero los pensamientos suicidas no siempre se presentan de la misma manera ni significan exactamente lo mismo.

Hay personas que expresan que no quieren seguir viviendo así, que desearían no despertarse o que necesitan que termine el sufrimiento que están experimentando. Otras tienen pensamientos más directamente relacionados con quitarse la vida. Puede existir intención o no, y en algunas situaciones aparecen además planes concretos.
Todas estas experiencias necesitan ser escuchadas y valoradas. Pero comprender sus diferencias también es importante para poder acompañarlas adecuadamente.

A veces lo que una persona quiere que termine es el sufrimiento

Una enfermedad que se prolonga durante años. El dolor. La pérdida progresiva de autonomía. Un tratamiento difícil. La incertidumbre. El cansancio de levantarse cada día sintiendo que el cuerpo vuelve a poner límites.
Hay situaciones en las que una persona puede llegar a pensar: “No quiero seguir así”.

Escuchar una frase de este tipo puede resultar muy impactante para quien está al otro lado. Sin embargo, necesitamos poder acercarnos a ella en lugar de alejarnos por miedo.

¿Qué significa “no quiero seguir así” para esa persona? ¿Ha pensado en morir? ¿Desea quitarse la vida? ¿Ha pensado cómo hacerlo? ¿O está intentando expresar que ya no sabe cómo continuar soportando lo que está viviendo?
No debemos asumir la respuesta.

Preguntar directamente por los pensamientos suicidas no introduce la idea en la cabeza de una persona. Poder hablar de ellos puede permitir comprender qué está ocurriendo y valorar qué ayuda necesita.

No todos los pensamientos suicidas son iguales, pero ninguno debería ignorarse

Una persona puede pensar en la muerte sin haber pensado en hacerse daño. Puede aparecer el deseo de desaparecer o de dejar de existir. Puede existir ideación suicida sin un plan concreto. Y puede haber situaciones en las que sí existe intención, planificación o acceso a medios.
Por eso, cuando alguien expresa este tipo de pensamientos, lo importante no es únicamente saber que están ahí. Necesitamos conocer cómo son, con qué frecuencia aparecen, cuánto tiempo llevan presentes, qué intensidad tienen, si han cambiado recientemente y qué ocurre cuando aparecen.
También importa conocer qué está viviendo esa persona alrededor de ellos: dolor, enfermedad, pérdidas, aislamiento, desesperanza, problemas económicos, familiares o laborales, cambios importantes en su vida o cualquier otra circunstancia que pueda estar aumentando su sufrimiento.

No se trata de etiquetar rápidamente a alguien como de “alto” o “bajo” riesgo a partir de una sola frase. Se trata de escuchar, preguntar y valorar.

Cuando los pensamientos aparecen después de empezar o cambiar una medicación

Hay otra situación de la que quizá hablamos menos.
Algunos medicamentos incluyen entre sus posibles reacciones adversas alteraciones importantes del estado de ánimo y, en determinados casos, pensamientos o comportamientos suicidas.
Esto no significa que cualquier pensamiento suicida que aparezca durante un tratamiento esté provocado por la medicación. Tampoco significa que debamos tener miedo de los tratamientos que necesitamos.
Pero sí significa que un cambio importante en el estado de ánimo o la aparición de pensamientos suicidas después de iniciar, modificar o retirar determinados medicamentos necesita ser comunicado a un profesional sanitario.

Es especialmente importante no modificar o abandonar por nuestra cuenta un tratamiento simplemente porque sospechemos que puede estar relacionado. El equipo médico puede valorar la medicación concreta, la dosis, el momento en el que aparecieron los síntomas y las alternativas disponibles.
Y mientras se estudia el posible origen, el pensamiento suicida sigue necesitando atención.
Porque independientemente de por qué haya aparecido, hay una persona que lo está experimentando.

Poder decirlo sin asustar a quien tienes delante

Una de las dificultades que pueden encontrar las personas con pensamientos suicidas es precisamente el miedo a contarlo.
Miedo a preocupar a su familia. A que los demás reaccionen de forma exagerada. A ser juzgadas. A que las miren de otra manera a partir de ese momento. A tener mayor atención… Y ese miedo puede hacer que algo que ya resulta difícil se viva además en silencio.

Escuchar a alguien hablar de suicidio no significa que tengamos que encontrar inmediatamente la frase perfecta. Tampoco necesitamos convencerle en ese momento de todo lo bueno que tiene su vida. Podemos empezar por escuchar, preguntar qué está pasando, intentar comprender desde cuándo se siente así, no minimizar con un “no digas tonterías”, un “tienes muchas cosas por las que vivir” o un “seguro que mañana lo ves de otra manera”.
Y, sobre todo, no dejar sola a la persona con aquello que nos está contando cuando existe riesgo.

Hablar también forma parte de prevenir

Durante mucho tiempo el suicidio ha estado rodeado de silencio. Como si hablar de ello pudiera hacerlo más presente. Pero prevenir también implica crear espacios en los que una persona pueda decir:
“Estoy teniendo pensamientos que me asustan.”
“A veces pienso que sería mejor no estar.”
“No quiero morir, pero no quiero seguir sintiéndome así.”
“He empezado a pensar en hacerme daño.”

Cada una de estas frases puede significar cosas diferentes y necesitar respuestas diferentes. Lo que tienen en común es que merecen ser escuchadas.

No tienes que esperar a tener un plan para pedir ayuda

A veces pensamos que solo existe una urgencia cuando alguien ha decidido cómo, cuándo o dónde hacerse daño. Pero pedir ayuda puede ocurrir mucho antes. ¡Ojalá ocurra mucho antes!

Si empiezan a aparecer pensamientos relacionados con la muerte o con dejar de vivir, si notas que cada vez son más frecuentes, si te cuesta controlarlos o si ha habido un cambio importante respecto a cómo estabas anteriormente, puedes hablarlo con un profesional.
Y si esos pensamientos aparecen coincidiendo con el inicio, cambio de dosis o retirada de una medicación, comunícalo también al profesional que lleva tu tratamiento.
No necesitas determinar tú solo si “es suficientemente grave”.

Puedes pedir ayuda precisamente para poder valorarlo acompañado.

Si existe intención de hacerse daño, un plan concreto o peligro inmediato, es necesario solicitar ayuda urgente. En España puedes llamar al 112 ante una emergencia. La Línea 024 del Ministerio de Sanidad ofrece atención profesional, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas para personas con ideación o conducta suicida y sus familiares.

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En Marita · Acompañamiento psicológico acompaño a personas que atraviesan enfermedades, tratamientos y situaciones vitales emocionalmente exigentes, así como a sus familiares y cuidadores.
Hablar de pensamientos suicidas puede dar miedo. Pero poder poner palabras a lo que está ocurriendo puede ser el primer paso para no tener que atravesarlo en silencio.

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