También pasan cosas buenas en las malas épocas

Hay épocas en las que parece que una parte de nuestra vida ocupa casi todo el espacio.
Puede ser una enfermedad, un tratamiento que se está haciendo largo, el cuidado de alguien a quien queremos, un duelo, una situación familiar complicada, problemas en el trabajo, un proceso de fertilidad, una separación o simplemente una etapa en la que varias cosas se han juntado y sentimos que llevamos demasiado tiempo sosteniendo demasiado.
Cuando estamos dentro de una situación así es fácil pensar en nuestra vida en términos generales: “estoy pasando una mala época”. Y probablemente sea verdad.
Pero estar pasando una mala época no significa que todos los momentos que ocurran dentro de ella tengan que ser malos.

La vida no se detiene mientras algo duele

Mientras estamos preocupados por algo importante, el resto de nuestra vida continúa ocurriendo.
Puede llegar una buena noticia. Podemos conseguir algo por lo que llevábamos tiempo trabajando. Alguien puede hacernos reír muchísimo. Puede aparecer un proyecto nuevo, una conversación inesperada, un viaje, una celebración o simplemente una tarde en la que, durante unas horas, nos sintamos realmente bien.

Y a veces esa mezcla resulta extraña. ¿Cómo puedo estar riéndome si ayer estaba llorando? ¿Cómo puedo disfrutar de esta comida si sé que mañana vuelvo al hospital? ¿Cómo puedo estar ilusionada con algo cuando una persona a la que quiero está enferma? ¿Cómo puedo celebrar un logro mientras otras partes de mi vida siguen siendo tan difíciles?

Podemos. Porque las emociones no necesitan esperar su turno.

Estar mal y sentirte bien durante un rato no es una contradicción

Tendemos a hablar de las etapas de nuestra vida como si tuvieran una única emoción: “fue una época muy mala”, o por el contrario, “fue uno de los mejores momentos de mi vida.”
Pero cuando miramos de cerca cualquier periodo importante, rara vez es tan sencillo.
Dentro de una época dolorosa puede haber días preciosos. Y dentro de una etapa feliz puede haber miedo, preocupación, cansancio o tristeza. Podemos sentir varias cosas a la vez e incluso pasar de una emoción a otra en muy poco tiempo.

Puedes estar preocupado por alguien y disfrutar de una conversación. Puedes estar atravesando un tratamiento y emocionarte con una buena noticia. Puedes estar cuidando a una persona y pasarlo estupendamente durante una tarde en la que haces algo para ti. Puedes echar muchísimo de menos a alguien y reírte hasta que te duela la barriga.

Un momento bueno no borra lo malo. Y lo malo tampoco invalida aquello que todavía puede hacernos sentir bien.

A veces aparece la culpa por disfrutar

Sin embargo, permitirnos esos momentos no siempre resulta fácil.
Cuando alguien a quien queremos está sufriendo, podemos sentir que no deberíamos estar pasándolo bien. Cuando tenemos un problema importante pendiente, quizá nos resulte extraño desconectar durante unas horas. Incluso podemos sorprendernos riéndonos y recordar de repente aquello que nos preocupa, como si nuestra cabeza nos dijera: “no deberías olvidarte de esto”.

Pero disfrutar durante un rato no significa olvidar. No significa que te importe menos la persona a la que estás cuidando. No significa que tu enfermedad haya dejado de preocuparte. No significa que hayas superado un duelo. No significa que aquello que está ocurriendo haya dejado de doler.

Significa simplemente que, durante ese momento, también está ocurriendo otra cosa. Y tienes derecho a vivirla.

También hay logros en las épocas difíciles

Hay cosas que conseguimos en momentos en los que las circunstancias no eran precisamente favorables. Terminar unos estudios mientras atravesabas una situación familiar complicada. Sacar adelante un proyecto durante un tratamiento. Conseguir un trabajo mientras estabas cuidando a alguien. Volver a hacer algo que habías dejado. Tomar una decisión que llevabas mucho tiempo posponiendo. Aprender a pedir ayuda o poner un límite que antes no conseguías poner.

Algunos logros serán grandes y visibles. Otros quizá solo tengan importancia para ti, y no necesitas restarles valor porque hayan ocurrido en medio de una etapa difícil.
A veces hacemos justo lo contrario: como hay algo mucho más grave ocurriendo, pensamos que no es momento de celebrar “tonterías”. Pero celebrar algo bueno no requiere que todo lo demás esté bien.

No se trata de buscar el lado bueno de todo

Esto no significa que tengamos que encontrar algo positivo en cada situación difícil. Hay experiencias dolorosas que simplemente son dolorosas.
No todo ocurre por algo. No todo tiene que enseñarnos una lección. Y no necesitamos transformar cada dificultad en una historia de crecimiento personal. Tampoco tenemos que obligarnos a disfrutar porque “hay que valorar las pequeñas cosas”.
Hay días en los que estaremos tristes, enfadados, preocupados o agotados. Y esos días también tienen derecho a existir. Se trata de algo diferente: no rechazar lo bueno cuando aparece solo porque todavía haya algo malo ocurriendo.

No necesitas esperar a que todo se solucione

A veces colocamos nuestra vida en pausa sin darnos cuenta.
“Cuando esto termine…”
“Cuando estemos mejor…”
“Cuando pase esta época…”
“Cuando todo vuelva a la normalidad…”

Y hay situaciones que efectivamente necesitan tiempo y hacen que tengamos que aplazar determinados planes. Pero otras pueden durar meses o incluso años. Algunas quizá cambien nuestra vida de una manera que todavía no sabemos.
Si esperamos a que absolutamente todo esté bien para permitirnos disfrutar, celebrar o ilusionarnos, podemos pasar demasiado tiempo esperando.

La vida no siempre se organiza en etapas perfectamente separadas en las que primero sufrimos, después resolvemos el problema y finalmente volvemos a ser felices. Muchas veces todo ocurre mezclado. Hay miedo y hay risas. Hay cansancio y hay ilusión. Hay preocupación y hay celebraciones. Hay días muy difíciles y otros sorprendentemente buenos.

Las cosas buenas también forman parte de esta etapa

Quizá dentro de unos años recuerdes este momento como una época complicada de tu vida. Y muy probablemente lo haya sido. Pero eso no significa que dentro de ella no pueda haber recuerdos que quieras conservar: personas que estuvieron, cosas que conseguiste, momentos en los que te reíste, lugares que conociste, conversaciones que te hicieron bien, días en los que, aunque nada estuviera solucionado, te sentiste feliz…
No necesitas elegir entre reconocer que lo estás pasando mal y disfrutar de aquello que sigue siendo bueno.

A veces la vida no mejora de golpe. Simplemente, algo bueno ocurre en mitad de lo difícil. Y también merece que lo vivas.

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En Marita. Acompañamiento psicológico acompaño a personas y familias que atraviesan situaciones vitales complejas y emocionalmente exigentes.

Acompañar lo que duele no significa que todo tenga que doler. También podemos hacer espacio para aquello que, incluso en una mala época, sigue haciéndonos sentir bien.

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