Menopausia: cuando no es solo un cambio hormonal
Durante mucho tiempo hemos hablado de la menopausia casi exclusivamente en términos de sofocos, cambios en la menstruación y hormonas. Pero para muchas mujeres la experiencia es bastante más amplia.
Pueden aparecer dolores musculares o articulares, alteraciones del sueño, cansancio, dolores de cabeza, cambios en el cuerpo, dificultades de concentración, irritabilidad, ansiedad o cambios en el estado de ánimo. Y no todas las mujeres los viven de la misma manera ni con la misma intensidad. Además, estos cambios no ocurren aislados del resto de la vida.
La menopausia suele llegar en una etapa en la que muchas mujeres siguen trabajando, sosteniendo una casa, cuidando de hijos, acompañando a padres que empiezan a necesitar más ayuda, manteniendo relaciones y ocupándose de una larga lista de responsabilidades.
Y entonces puede resultar difícil saber dónde termina una cosa y empieza la otra.
“Últimamente me duele todo”
Los dolores musculares y articulares pueden formar parte de la perimenopausia y la menopausia. Los cambios hormonales, entre ellos el descenso de estrógenos, están relacionados con la aparición de dolor y molestias articulares en algunas mujeres.
Pero saber que algo puede estar relacionado con la menopausia no hace que resulte menos molesto.
Levantarse con rigidez, notar que el cuerpo no responde como antes, dormir mal por las molestias o convivir con un cansancio que no termina de desaparecer puede afectar a la forma en la que afrontamos el día.
Y si además esa mujer ya convive con una enfermedad crónica, dolor previo u otro problema de salud, distinguir qué pertenece a cada cosa puede resultar todavía más complicado.
No todo dolor que aparece a esta edad tiene que atribuirse a la menopausia. Un dolor nuevo, intenso, persistente o que interfiera significativamente en nuestra vida merece ser consultado y valorado.
El cansancio de dormir mal… y tener que seguir funcionando
Dormir mal durante semanas o meses no se queda únicamente en la noche. Los problemas de sueño asociados a esta etapa pueden repercutir durante el día en el cansancio, la irritabilidad, el estrés, la ansiedad y la capacidad de concentración.
Pero las obligaciones del día siguiente normalmente siguen ahí.
Hay que levantarse, trabajar, organizar, cuidar, conducir, tomar decisiones y recordar todo aquello que hay que hacer. Por eso a veces el problema no es únicamente “estoy cansada”. Es “estoy cansada y mi vida sigue exigiéndome funcionar como si no lo estuviera”.
La carga emocional que ya estaba allí
La menopausia no ocurre en un vacío.
Puede coincidir con momentos vitales especialmente exigentes: hijos que todavía necesitan atención, padres que envejecen, enfermedades propias o de personas cercanas, cambios en la pareja, responsabilidades profesionales o la sensación de estar sosteniendo demasiadas cosas a la vez.
De hecho, la OMS reconoce que muchas mujeres llegan a esta transición con una importante carga de cuidados, responsabilidades domésticas y obligaciones laborales que pueden aumentar el impacto de los cambios fisiológicos de la menopausia.
Por eso, cuando una mujer dice que está agotada, irritable, desbordada o que siente que ya no puede con todo, quizá no haya una única explicación. Puede haber cambios hormonales, dolor, puede haber falta de sueño… Y puede haber también una vida que lleva demasiado tiempo exigiendo mucho.
“Antes podía con todo”
Hay una frase que puede aparecer en esta etapa: “Yo antes podía con todo esto (incluso con más).” Quizá antes dormías mejor, quizá no te dolía el cuerpo de la misma manera, es posible que tuvieras más energía o te resultaba más sencillo concentrarte… O quizá llevas muchos años pudiendo con demasiado.
Y ahora tu cuerpo y tu estado emocional hacen más difícil mantener ese mismo nivel de exigencia. Esto puede generar frustración e incluso cierta sensación de no reconocerse.
¿Por qué me irritan ahora cosas que antes soportaba? ¿Por qué estoy tan cansada? ¿Por qué me cuesta concentrarme? ¿Por qué necesito parar más? ¿Por qué algo que antes resolvía fácilmente ahora me supera?
No necesariamente has dejado de ser la persona que eras. Quizá tus circunstancias físicas, emocionales y vitales han cambiado y necesitas empezar a relacionarte contigo de una manera diferente.
No todo es hormonal. Pero tampoco todo es psicológico
Este equilibrio es importante. No deberíamos explicar automáticamente el malestar de una mujer en esta etapa diciendo que “son las hormonas”. Pero tampoco deberíamos hacer lo contrario y atribuir el dolor, el cansancio, el insomnio o los cambios que está experimentando únicamente al estrés o a que “está pasando una mala época”.
La menopausia puede producir cambios físicos y emocionales reales, y existen opciones de atención y tratamiento que pueden ayudar cuando los síntomas afectan al bienestar o a la calidad de vida.
Al mismo tiempo, nuestra situación emocional, nuestras relaciones, las responsabilidades que asumimos y el momento vital que atravesamos también importan.
No necesitamos elegir entre una explicación física y una emocional. Muchas veces ambas forman parte de la misma experiencia.
Cuidarse también puede significar revisar cuánto estamos sosteniendo
Quizá durante años has sido tú quien organiza, la que recuerda las citas, quien acompaña, quien cuida, la que resuelve. Quien está disponible cuando alguien necesita algo… Y puede que ahora tu cuerpo necesite otros ritmos.
Eso no significa necesariamente abandonar responsabilidades ni colocar nuestras necesidades siempre por encima de las de los demás.
Pero sí puede ser un buen momento para preguntarnos cuánto estamos sosteniendo y si todo tiene que seguir dependiendo de nosotras de la misma manera. Qué podemos delegar. Dónde necesitamos poner algún límite. Qué ayuda podemos pedir. Qué necesitamos hablar con nuestra pareja, nuestra familia o nuestro entorno laboral. Y qué estamos necesitando nosotras.
No tienes por qué acostumbrarte a encontrarte mal
Normalizar la menopausia como una etapa natural no debería significar normalizar el sufrimiento. Si existen síntomas físicos que afectan a tu vida, merecen ser consultados. Hay diferentes opciones hormonales y no hormonales para tratar determinados síntomas, y la elección debe hacerse de forma individualizada con profesionales sanitarios teniendo en cuenta la situación y preferencias de cada mujer.
Y si esta etapa está afectando a cómo te sientes contigo misma, a tus relaciones, a tu estado de ánimo o a la manera en la que estás afrontando todo lo que ocurre a tu alrededor, esa parte también merece atención.
Quizá no se trate solamente de sofocos. Puede haber dolor. Puede haber cansancio. Puede haber cambios en el cuerpo, en el sueño y en el estado de ánimo.
Y puede haber, además, una mujer intentando seguir ocupándose de su vida y de la de muchas otras personas mientras aprende a reconocer un cuerpo y unas necesidades que están cambiando.
La menopausia es una transición natural. Atravesarla teniendo que hacer como si nada estuviera cambiando no debería serlo.
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En Marita. Acompañamiento psicológico acompaño a personas que atraviesan etapas vitales emocionalmente exigentes, enfermedades, procesos de cambio y situaciones de cuidado.
En ocasiones, cuidarnos empieza por entender qué nos está pasando y permitirnos revisar qué necesitamos en esta nueva etapa.