Cuando te permites parar, la ‘cosa’ cambia

Hay momentos en los que todo se acumula.

Las preocupaciones, las decisiones pendientes, el cansancio, las emociones que no terminan de encontrar su sitio. Y sin darte cuenta, sigues adelante intentando sostenerlo todo.

A veces parar da miedo.

Porque parece que, si te detienes, todo lo que llevas dentro va a aparecer de golpe. Como si no parar fuera una forma de mantener el equilibrio, aunque ese equilibrio sea frágil. Sin embargo, cuando te permites parar, algo empieza a cambiar.

Empiezas a escucharte.

Lo que antes quedaba tapado por la prisa o por la necesidad de seguir funcionando, empieza a tomar forma. Aparecen preguntas, emociones, sensaciones… y también una comprensión más amable hacia lo que estás viviendo.

Parar también ayuda a ordenar.

Cuando todo va demasiado rápido, todo se mezcla. Pero al bajar el ritmo, algunas cosas se colocan solas. Lo importante se vuelve más claro y lo que parecía enorme a veces se vuelve más manejable.

Parar significa darte permiso.

Permiso para no poder con todo, para sentirte cansada/o, para reconocer que algo te duele o que necesitas apoyo. Y ese permiso, aunque parezca pequeño, abre un espacio diferente.

No es que al parar se resuelva todo.

Pero deja de ser una carrera constante. Aparece más calma, más perspectiva y, muchas veces, una sensación de que puedes ir paso a paso.

Permitirte parar no es rendirte.

Es empezar a escucharte, a recolocar lo que llevas dentro y a darte el tiempo que necesitas. Y seguramente, desde ese lugar, algo empieza a colocarse.


No hace falta hacer grandes cambios. Solo parar un momento, escucharte y permitir que las cosas vayan encontrando su lugar. Y desde ahí, poco a poco, empezar a estar un poco mejor.


Podemos hablar de esto si quieres. Escríbeme sin compromiso.

Siguiente
Siguiente

Cuando dejas de sostener sola, empiezan a moverse cosas (aunque no lo arregle todo)