Cuando dejas de sostener sola, empiezan a moverse cosas (aunque no lo arregle todo)
A veces, pedir ayuda cuesta mucho: porque estás acostumbrada a poder con todo, porque no sabes muy bien por dónde empezar o porque sientes que deberías poder sola.
Y también… porque has aprendido a sostener sin hacer ruido. A estar pendiente. A no fallar. A seguir adelante incluso cuando por dentro todo pesa.
En muchas situaciones difíciles (como cuando hay una enfermedad en la familia, un momento complicado o una carga emocional sostenida durante mucho tiempo), toda la atención suele ponerse en lo urgente, en lo que más se ve, en quien más lo necesita en ese momento.
Pero mientras eso ocurre, hay otras personas que empiezan a sostener la situación en silencio: personas están cerca y que acompañan, que organizan, que están pendientes de todo, que intentan mantenerse fuertes para los demás…
Y poco a poco, sin darse cuenta, ese sostener empieza a pesar. Porque sostener también cansa. Cansa no tener espacio, no parar, no poder soltarse…
Y a veces, incluso aparece una sensación difícil de explicar: la de estar para todo el mundo… pero sentir que no tienes dónde apoyarte.
Pedir ayuda no lo arregla todo, no hace que desaparezca lo que duele, no cambia de golpe la situación, ni elimina la incertidumbre. Pero sí puede empezar a mover cosas poco a poco…
Empiezas a poner palabras a lo que antes se quedaba dentro, a ordenar lo que está revuelto, a entenderte un poco mejor, a darte permiso para no poder con todo, a parar (aunque sea un poco), a sentirte acompañada en lo que estás viviendo…
Y eso, aunque no lo cambie todo, cambia mucho.
También puede empezar a aparecer algo que muchas veces se había quedado en segundo plano: escucharte. Escucharte sin exigencia, sin tener que ser fuerte todo el tiempo, sin tener que poder con todo. Y desde ahí, poco a poco, empezar a sostenerte de otra manera.
No es un cambio inmediato. No es una solución mágica. Es más bien un proceso suave; por lo general, es lento. A veces incómodo al principio. Pero también es un espacio donde no tienes que hacerlo todo sola.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, al contrario, es una forma de autocuidado. Una manera de reconocer que lo que estás viviendo es significativo. Que tú también eres importante dentro de todo eso y que mereces tener un lugar donde poder soltar un poco.
No se trata de cambiarlo todo. Se trata simplemente de no hacerlo sola.
Y eso, aunque parezca pequeño… puede cambiar mucho más de lo que parece.
Si tú quieres, yo te ayudo. - Escríbeme