¿Truco o trato? Las pequeñas trampas que nos hacemos a nosotros mismos
Cada año, cuando llega Halloween, escuchamos la misma pregunta: “¿Truco o trato?”.
Una expresión que asociamos a disfraces, caramelos, sustos y una noche en la que jugamos a tener miedo.
Pero ¿y si aprovecháramos esa pregunta para mirar algo que hacemos durante el resto del año? Porque, sin necesidad de disfraces, a veces también nos hacemos pequeños trucos a nosotros mismos.
Nos convencemos de que no pasa nada cuando algo nos afecta. Decimos que sí para evitar un conflicto. Posponemos conversaciones difíciles. Nos exigimos estar bien cuando no lo estamos o intentamos controlar situaciones que no dependen de nosotros.
No son necesariamente trucos conscientes. Muchas veces son maneras que hemos aprendido de protegernos, evitar el malestar o seguir adelante.
Pero algunas de esas estrategias, aunque nos alivien durante un rato, pueden terminar haciéndonos la vida más difícil.
El truco de decir «no pasa nada»
¿Cuántas veces respondemos “no pasa nada” cuando sí está pasando algo?
Quizá alguien ha hecho un comentario que nos ha dolido, estamos decepcionados o llevamos tiempo sintiéndonos incómodos en una relación.
A veces restamos importancia a lo que sentimos porque no queremos discutir, pensamos que estamos exagerando o no sabemos qué hacer con ello.
Y no siempre es necesario hablar inmediatamente. Podemos necesitar tiempo para comprender qué nos ocurre.
Pero cuando minimizamos constantemente nuestro malestar, podemos terminar dejando de atender necesidades importantes.
El trato: permitirnos reconocer lo que sentimos, aunque todavía no sepamos qué hacer con ello.
El truco de poder con todo
Hay personas que llevan tanto tiempo resolviendo problemas, organizando, cuidando y sosteniendo a los demás que han terminado convencidas de que siempre tienen que poder.
Pedir ayuda les resulta incómodo. Delegar les genera culpa. Descansar les parece perder el tiempo. Y, cuando empiezan a sentirse agotadas, en lugar de revisar cuánto están asumiendo, se exigen todavía más.
Pero ser capaz de hacer algo no significa que tengamos que hacerlo siempre ni que debamos hacerlo solos.
El trato: reconocer nuestros límites y entender que pedir ayuda no nos hace menos capaces.
El truco de evitar lo que nos incomoda
Hay conversaciones que posponemos porque anticipamos que serán difíciles, decisiones que no tomamos por miedo a equivocarnos y situaciones que seguimos tolerando porque afrontar un cambio nos produce incertidumbre.
Evitar algo puede proporcionarnos tranquilidad a corto plazo. No tenemos que enfrentarnos a un conflicto o a una respuesta incómoda. Pero cuando la evitación se convierte en nuestra única manera de afrontar las dificultades, aquello que intentamos esquivar puede acabar ocupando cada vez más espacio.
El trato: aprender a acercarnos progresivamente a lo que necesitamos afrontar, respetando nuestros tiempos y circunstancias.
El truco de compararnos con los demás
Miramos cómo otras personas avanzan profesionalmente, mantienen relaciones, forman familias o parecen tener una vida organizada. Y, sin conocer todo lo que ocurre detrás, utilizamos esa imagen para evaluar la nuestra.
Nos preguntamos por qué no hemos conseguido lo mismo o por qué sentimos que vamos por detrás. Pero estamos comparando realidades diferentes y, muchas veces, únicamente la parte de la vida que los demás deciden mostrar.
El trato: revisar qué queremos realmente nosotros, qué es importante en nuestro momento vital y qué expectativas estamos intentando cumplir.
El truco de esperar a que todo esté bien
«Cuando termine esta época, empezaré a cuidarme».
«Cuando tenga menos trabajo, buscaré tiempo para mí».
«Cuando se solucione este problema, podré estar tranquilo».
A veces necesitamos esperar porque nuestras circunstancias realmente limitan nuestras posibilidades. Pero otras veces vamos aplazando nuestras necesidades hasta un momento ideal en el que no haya preocupaciones ni responsabilidades pendientes.
Y ese momento quizá no llegue de la manera que imaginamos.
El trato: buscar pequeños espacios para nuestras necesidades dentro de las circunstancias actuales, sin exigirnos que todo esté resuelto.
No siempre podemos elegir entre truco o trato
En Halloween, el juego consiste en elegir entre dos opciones. En nuestra vida emocional, las cosas no son tan sencillas.
No siempre podemos decidir dejar de tener miedo, poner límites fácilmente o afrontar una situación que llevamos años evitando. Nuestra historia, nuestras experiencias y las circunstancias actuales influyen en cómo respondemos.
Muchas estrategias que hoy nos generan dificultades pudieron ser útiles en otro momento. Callarnos quizá nos ayudó a evitar discusiones. Hacernos cargo de todo pudo darnos una sensación de control. No pedir ayuda quizá fue una forma de adaptarnos cuando no teníamos a quién recurrir.
Por eso no se trata de culpabilizarnos por nuestros propios «trucos», sino de preguntarnos si aquello que aprendimos para protegernos sigue ayudándonos hoy. Y, si ya no es así, explorar otras maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
¿Y si este Halloween cambiamos la pregunta?
Quizá no necesitemos hacer grandes cambios ni transformar nuestra vida de un día para otro. Podemos empezar por observar:
¿Qué situaciones estoy evitando? ¿Qué emociones me cuesta reconocer? ¿Dónde me estoy exigiendo demasiado? ¿Qué estoy aceptando por miedo a decepcionar? ¿En qué momentos me trato con menos comprensión de la que tendría con otra persona?
No todas las respuestas serán fáciles ni todas dependerán únicamente de nosotros. Pero identificar algunos de esos patrones puede ayudarnos a comprender por qué seguimos reaccionando de determinadas maneras.
Y quizá el verdadero trato no sea prometer que a partir de ahora todo irá bien.
Quizá sea algo más sencillo: dejar de exigirnos estar bien todo el tiempo y empezar a tratarnos mejor también cuando no lo estamos.
En Marita. Acompañamiento psicológico acompaño a personas que atraviesan situaciones vitales complejas, conflictos familiares, duelos y etapas de cambio.
A veces el acompañamiento psicológico también consiste en identificar esas formas de actuar que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida y descubrir si todavía nos ayudan o necesitamos encontrar otras.