Cuando te acostumbras a poder con todo
Hay personas a las que casi nunca se les pregunta si pueden. Simplemente se da por hecho.
Son las que resuelven, organizan, recuerdan, acompañan, buscan soluciones y aparecen cuando alguien las necesita. Las que, cuando surge un problema, probablemente ya están pensando qué hacer antes de que los demás hayan terminado de entender qué ha pasado.
Y muchas veces no es algo que hayan decidido conscientemente. Simplemente, se han acostumbrado a poder con todo.
Cuando ser fuerte se convierte en tu papel
Quizá llevas mucho tiempo siendo esa persona. La responsable. La resolutiva. La que mantiene la calma. La que escucha. La que sabe qué hacer. La que intenta que todo siga funcionando incluso cuando las circunstancias se complican.
Con el tiempo, ese papel puede acabar formando parte de cómo te ven los demás, pero también de cómo te ves tú.
Y entonces aparecen pensamientos como: “Ya me encargo yo”, “no quiero preocupar a nadie”, “no es para tanto”, “puedo solucionarlo”, “los demás ya tienen bastante con lo suyo”…
El problema no está en ser capaz. El problema aparece cuando sentir que tienes que poder se convierte en la única opción posible.
A veces los demás también se acostumbran
Cuando durante mucho tiempo has demostrado que puedes resolver las cosas, es fácil que quienes están a tu alrededor también empiecen a darlo por hecho. No necesariamente porque no les importes, sino porque se crea una dinámica, unas “leyes no habladas” que se mantienen en el tiempo.
Tú haces. Tú decides. Tú organizas. Tú sostienes.
Y cuanto mejor lo haces, menos evidente resulta que quizá tú también necesitas que alguien se acerque y te pregunte:
“¿Y tú cómo estás con todo esto?”
Incluso puede ocurrir algo paradójico: cuanto más necesitas ayuda, menos probable parece que alguien piense que la necesitas… Porque “de cara al público” sigues funcionando.
Poder no significa que no te esté costando
Una de las ideas que más daño puede hacer es pensar que, mientras sigamos cumpliendo con nuestras responsabilidades, estamos bien: puedes ir a trabajar, atender a tu familia, responder mensajes, resolver problemas, cumplir compromisos… Sonreír. Y estar atravesando al mismo tiempo una situación que emocionalmente te está resultando muy difícil.
Funcionar y estar bien no son sinónimos.
Hay personas que continúan haciendo prácticamente todo lo que hacían mientras por dentro sienten miedo, tristeza, incertidumbre, enfado o una enorme sensación de desbordamiento.
No hace falta llegar al punto de no poder más para reconocer que algo está siendo demasiado.
¿Qué pasa cuando eres tú quien necesita ayuda?
Aquí es donde muchas personas que están acostumbradas a sostener encuentran una dificultad inesperada.
Pedir ayuda puede resultar incómodo. Puede aparecer la sensación de estar molestando, de exagerar o incluso de estar fallando en algo que hasta ahora habías conseguido manejar.
También puede ocurrir que ni siquiera sepas exactamente qué pedir.
Porque has aprendido muy bien a detectar lo que necesitan los demás, pero quizá no has practicado tanto preguntarte: “¿Qué necesito yo ahora? “
Y esa pregunta puede ser mucho más difícil de responder de lo que parece.
No tienes que dejar de ser fuerte
A veces parece que solo existen dos opciones: poder con todo o derrumbarse. Pero entre ambas hay muchísimo espacio.
Puedes ser una persona responsable y necesitar apoyo. Puedes cuidar a alguien y necesitar que te cuiden. Puedes tomar decisiones y obviamente tener dudas. Puedes acompañar a los demás y necesitar un lugar donde no tengas que sostener a nadie. Incluso puedes ser y considerarte fuerte y decir: “Esto me está costando.”
Reconocerlo no elimina todo lo que eres capaz de hacer. Solo permite que tú también tengas un lugar dentro de todo aquello de lo que te ocupas.
Quizá no se trata de poder con todo
Quizá se trata de empezar a distinguir entre aquello que puedes hacer y aquello que realmente tienes que asumir. De permitir que otras personas participen, de decir que no sabes algo, de pedir compañía o incluso de reconocer que una situación te afecta aunque estés consiguiendo manejarla.
Y, sobre todo, de recordar algo que puede olvidarse fácilmente cuando llevas mucho tiempo siendo quien sostiene: Que puedas con ello no significa que tengas que poder con ello sola.
En Marita. Acompañamiento psicológico acompaño a personas que atraviesan situaciones emocionalmente exigentes y que, muchas veces, llevan demasiado tiempo intentando sostenerlas por sí mismas.
Pedir apoyo no significa dejar de ser quien eres. A veces significa permitirte no tener que hacerlo todo sola/o.