Salud mental y endometriosis: ¿qué papel tenemos las mujeres?

Durante mucho tiempo, muchas mujeres han escuchado que tener dolor durante la menstruación es normal, que hay que acostumbrarse o que determinadas molestias forman parte de ser mujer.
Pero ¿qué ocurre cuando ese dolor condiciona nuestra vida? ¿Cuando tenemos que cancelar planes, faltar al trabajo, reorganizar nuestras rutinas o convivir con la incertidumbre de no saber cómo nos encontraremos mañana?

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica en la que un tejido similar al endometrio crece fuera del útero. Puede provocar dolor pélvico, menstruaciones dolorosas, molestias durante las relaciones sexuales, problemas digestivos y dificultades reproductivas, entre otras manifestaciones.
Sin embargo, sus consecuencias no se limitan al cuerpo.
Convivir con dolor, tratamientos, incertidumbre y cambios en nuestra vida cotidiana también puede afectar profundamente a nuestro bienestar emocional.

Y aquí aparece una pregunta importante: ¿qué papel tenemos las mujeres en el cuidado de nuestra salud mental cuando convivimos con una enfermedad como la endometriosis?

Cuando el dolor empieza a organizar nuestra vida

A veces no somos plenamente conscientes de cuánto hemos adaptado nuestra vida a una enfermedad hasta que empezamos a observar nuestras decisiones cotidianas. Elegimos determinados planes dependiendo de cómo nos encontramos. Pensamos si podremos aguantar una jornada de trabajo, si tendremos energía para acudir a una celebración o si necesitaremos cancelar algo que llevábamos semanas esperando.
En ocasiones, incluso cuando no sentimos dolor, aparece la preocupación por cuándo volverá.

Esta incertidumbre puede generar ansiedad, frustración, cansancio emocional o una sensación de pérdida de control sobre nuestra propia vida.
No significa que todas las mujeres con endometriosis desarrollen problemas de salud mental. Cada experiencia es diferente. Pero sí es importante reconocer que convivir con síntomas persistentes o imprevisibles puede tener consecuencias psicológicas.

El dolor no solo afecta a lo que hacemos. También puede influir en cómo nos sentimos mientras intentamos seguir haciendo nuestra vida.

El desgaste de tener que explicar constantemente lo que nos ocurre

Una de las dificultades que pueden acompañar a la endometriosis es la incomprensión. Desde fuera, muchas veces no hay señales visibles de lo que está ocurriendo. Una mujer puede encontrarse aparentemente bien y estar soportando un dolor considerable.
Y entonces aparecen comentarios como «¿otra vez te encuentras mal?», «pero si ayer estabas estupendamente» o «todas tenemos dolores de regla».

Tener que justificar continuamente nuestras limitaciones, explicar por qué necesitamos descansar o demostrar que el dolor es real puede convertirse en una carga emocional añadida.

Además, algunas mujeres atraviesan largos periodos antes de recibir un diagnóstico, lo que puede aumentar la incertidumbre y la sensación de no ser escuchadas.
Por eso, la validación del entorno y de los profesionales sanitarios resulta tan importante. No deberíamos necesitar demostrar constantemente nuestro sufrimiento para que sea tomado en serio.

La relación con nuestro cuerpo también puede cambiar

Cuando nuestro cuerpo se convierte en una fuente frecuente de dolor o incertidumbre, la manera en la que nos relacionamos con él puede verse afectada. Podemos sentir frustración porque no responde como esperamos, enfado por las limitaciones que experimentamos o tristeza por actividades que hemos tenido que modificar. También pueden aparecer dificultades relacionadas con la sexualidad, la intimidad o la imagen corporal.

Y, en algunas mujeres, la posibilidad de encontrar dificultades para conseguir un embarazo puede añadir preocupación, miedo o sentimientos de pérdida respecto a proyectos personales importantes. Aunque conviene recordar que tener endometriosis no significa necesariamente tener problemas de fertilidad.

Lo importante es comprender que no estamos hablando únicamente de síntomas físicos, sino también de cómo esos síntomas pueden influir en nuestra identidad, nuestras relaciones y nuestras expectativas de futuro.

¿Tenemos que aprender a convivir con todo?

Aquí es donde me gustaría detenerme especialmente.
Cuando hablamos de salud mental y enfermedades crónicas, es frecuente escuchar que debemos aprender a gestionar nuestras emociones, aceptar la situación, mantener una actitud positiva o desarrollar herramientas para afrontar las dificultades.
Y, aunque el acompañamiento psicológico puede resultar muy útil, hay algo que no deberíamos olvidar. No todo depende de nuestra capacidad para gestionar lo que sentimos.

No podemos resolver una enfermedad únicamente cambiando nuestra actitud. No podemos eliminar el dolor por pensar de otra manera. Y tampoco deberíamos responsabilizarnos de soportar situaciones que necesitan atención médica, apoyo familiar, comprensión laboral o recursos adecuados. La salud mental no consiste en aprender a aguantarlo todo sin que nos afecte.

También implica reconocer qué necesitamos y qué aspectos de nuestra vida o de nuestro entorno requieren cambios.

El papel que sí podemos tener en nuestro bienestar emocional

Aunque no siempre podemos controlar los síntomas de la enfermedad, sí podemos participar activamente en algunas decisiones relacionadas con nuestro bienestar.
Podemos aprender a identificar cómo nos afectan determinadas situaciones, reconocer nuestros límites y comunicar nuestras necesidades sin sentir que debemos justificarlas constantemente.
Podemos revisar las expectativas que tenemos sobre nosotras mismas, especialmente cuando seguimos exigiéndonos mantener el mismo ritmo independientemente de cómo nos encontremos.
También podemos buscar apoyo, compartir nuestras experiencias con personas que nos comprendan y pedir acompañamiento psicológico cuando el malestar emocional empieza a ocupar demasiado espacio.
Y podemos permitirnos sentir frustración, miedo, tristeza o enfado sin interpretar esas emociones como una señal de que estamos afrontando mal la enfermedad.

Porque cuidar nuestra salud mental no significa estar siempre tranquilas ni tener una actitud positiva ante todo. Significa disponer de recursos y apoyo para atravesar una realidad que, en ocasiones, puede resultar muy difícil.

No tenemos que hacerlo solas

La endometriosis no debería abordarse únicamente desde la experiencia individual de cada mujer.
La pareja, la familia, las amistades, el entorno laboral y los profesionales sanitarios también tienen un papel importante.

Escuchar sin minimizar, comprender que los síntomas pueden variar, respetar las limitaciones y ofrecer apoyo sin cuestionar constantemente lo que la otra persona siente puede marcar una diferencia.
Del mismo modo, el abordaje sanitario debe atender tanto los síntomas físicos como las consecuencias que estos pueden tener sobre la calidad de vida.
El acompañamiento psicológico puede formar parte de esa atención integral, ayudando a trabajar la ansiedad, la incertidumbre, las relaciones, la adaptación a los cambios y el impacto emocional del dolor persistente.
Pero no sustituye los tratamientos médicos ni convierte una enfermedad física en un problema psicológico.

Nuestro papel no es demostrar que podemos con todo

Quizá durante mucho tiempo hemos aprendido que ser fuertes significa continuar, soportar, adaptarnos y no quejarnos demasiado. Pero convivir con endometriosis no debería convertirse en otra situación en la que tengamos que demostrar cuánto somos capaces de aguantar.
Podemos ser mujeres activas, profesionales, madres, parejas, amigas o cuidadoras y, al mismo tiempo, necesitar descansar, modificar planes o pedir ayuda.
Podemos tener días buenos y días difíciles. Podemos sentirnos capaces en determinados momentos y desbordadas en otros. Y ninguna de esas experiencias define nuestro valor ni nuestra fortaleza.

Por eso, cuando nos preguntamos qué papel tenemos las mujeres en nuestra salud mental mientras convivimos con endometriosis, quizá la respuesta no sea asumir todavía más responsabilidades. Puede que sea empezar a reconocer que también tenemos derecho a ser cuidadas, escuchadas y acompañadas.

Porque nuestro papel no debería ser aprender a soportar el dolor en silencio. Debería ser poder participar en las decisiones sobre nuestra salud, expresar nuestras necesidades y construir una vida en la que la enfermedad reciba la atención que merece sin tener que ocupar toda nuestra identidad.

En Marita. Acompañamiento psicológico acompaño a mujeres que atraviesan enfermedades, tratamientos, procesos de fertilidad y situaciones vitales emocionalmente exigentes.

El acompañamiento psicológico puede ayudar a comprender el impacto emocional de estas experiencias, trabajar las dificultades que aparecen y encontrar maneras de cuidarnos sin añadir nuevas exigencias a una realidad que ya puede resultar suficientemente complicada.

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