Duelo con alguien vivo pero ausente
Cuando una enfermedad, una adicción o un cambio profundo transforman la relación con alguien que queremos.
Hay duelos que no empiezan con la muerte, sino con el momento en que alguien que queremos deja de estar realmente presente en nuestra vida.
Hay pérdidas que todo el mundo reconoce. La muerte de alguien querido, por ejemplo.
Pero hay otros duelos más silenciosos, más difíciles de nombrar, que muchas personas atraviesan sin saber muy bien qué les está pasando.
Es el duelo por alguien que sigue vivo, pero que de alguna manera ya no está en la relación como antes.
Puede ocurrir cuando un familiar tiene una enfermedad mental, una adicción, un deterioro cognitivo o una enfermedad que ha cambiado profundamente su forma de ser.
También cuando una relación se rompe emocionalmente aunque continúe existiendo, o cuando una persona se aleja tanto que el vínculo deja de ser lo que era. En estos casos aparece una sensación difícil de explicar: la persona está viva, pero la relación que teníamos con ella ya no es la misma.
Y eso también duele.
Un duelo que muchas veces pasa desapercibido
Este tipo de duelo suele ser muy solitario porque desde fuera puede parecer que “todo sigue igual”, la persona sigue ahí. Pero quien lo vive sabe que algo importante ha cambiado.
A veces aparece la sensación de haber perdido a alguien poco a poco. O de estar sosteniendo una relación que ya no se parece a la que fue. Y junto con el dolor pueden aparecer emociones muy mezcladas:
tristeza
cansancio emocional
culpa
enfado
confusión
sensación de pérdida.
Todas ellas son comprensibles.
Cuando la relación cambia, también cambia el lugar que ocupamos
Muchas veces, quienes atraviesan este tipo de duelo pasan a ocupar un lugar diferente en la relación. Se convierten en:
cuidadores
mediadores familiares
personas que sostienen situaciones difíciles durante mucho tiempo.
Ese cambio puede generar un desgaste emocional importante. Porque además del dolor por lo que se ha perdido, aparece la responsabilidad de seguir sosteniendo la situación. Y no siempre hay un espacio donde poder hablar de todo esto.
Poner nombre también ayuda
Nombrar este tipo de experiencias como duelo puede ser muy liberador porque permite reconocer que algo importante se ha perdido, aunque la persona siga viva.
No se trata de abandonar la relación ni de dejar de querer. Se trata de poder reconocer lo que duele y encontrar una forma más cuidadosa de sostenerlo.
Un espacio para quienes sostienen
Muchas personas llegan a consulta no porque ellas estén en el centro del problema, sino porque sostienen a alguien que lo está pasando mal. En esos casos, tener un espacio donde poder hablar, ordenar lo que se siente y cuidar también el propio bienestar puede marcar una gran diferencia.
Porque acompañar situaciones difíciles durante mucho tiempo también necesita acompañamiento.
Cuando una relación cambia profundamente, también aparece un duelo que necesita ser acompañado.
Aquí estoy si te apetece compartir. → WhatsApp